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sábado, 23 de febrero de 2013

LOS GATOS DE HRTEWUTIOP


Cuando fui a ver los gatos de mi amigo Hrtewutiop me di cuenta que me sostenían la mirada como seres altamente conscientes de su condición felina. Hrtewutiop llevaba tiempo preocupado por algo que le estaba corroyendo las mismas vísceras. Algunos conocidos me llegaron a decir que se había afiliado a alguna secta extraña de las que solían instalarse en nuestra ciudad. Los inmigrantes Ghasdt que procedían del otro lado de las altas montañas de Bnscvmop solían traer consigo extrañas creencias y extraños cultos a dioses enanos con caras de gato.

Un día fui a visitar como de costumbre a mi amigo Hrtewutiop. Su mujer estaba muy enferma y cuando hablaba sus palabras se deslizaban en un continuo delirio tras significados que nos transportaban a mundos completamente desconocidos, pero que la señora de Hrtewutiop parecía estar describiendo con perfecta precisión. Nos hablaba de un mundo plagado de seres viscosos que vivían en profundas cavernas comunicadas todas ellas por un laberinto de galerías. Afuera, en la superficie, el clima era un continuo frío gélido que hacía la vida al aire casi imposible; tan solo unos extraños felinos de desarrollada inteligencia lograban sobrevivir en clima tan hostil. Luego nos informaba con ojos completamente distorsionados sobre una galaxia remota donde se estaban produciendo fuertes cataclismos y tremendas distorsiones de tiempo y espacio. Decía que algunos planetas de tan remota galaxia se estaban produciendo verdaderos horrores biológicos con superinteligencias capaces de vislumbrar los más recónditos misterios del universo. Misterios, decía ella, que podían hacer enloquecer al más cuerdo de los humanos. Y, según podía comprobar, también ellos tenían cara de gato

Pero lo peor de todo era que estos monstruosos seres ya eran capaces de interferirse en nuestras mentes terrestres y desarrollar delirantes ideas sobre viajes vertiginosos a insondables abismos cósmicos. Bsraghata, que así se llamaba la mujer de Hrtewutiop, acababa luego cayendo en un rígido paroxismo que pronto la sumergía en un profundo sueño. Yo, esa tarde, me sentí completamente confuso y busqué una pronta disculpa para salir de la casa. Pero cuando abandonaba la casa por el camino de las jaulas de gatos, uno de ellos me habló en una lengua desconocida, pero precisa en su pronunciación.

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