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sábado, 9 de julio de 2011

EL ETNA ME METE MIEDO DESDE TAORMINA

Ya sé la forma de cruzar una calle en cualquier ciudad de Sicilia. En Catania lo llevé a cabo y funcionó. Cuando quiero cruzar me tiro al centro de la calle y los coches al verme van parando y yo voy pasando. Tiene su riesgo, pero os aseguro que funciona. Yo lo fui observando en Palermo y luego en Siracusa. Aunque esta última ciudad tiene una zona civilizada en su parte más turística y por lo tanto hay semáforos, en el resto de la ciudad ya no, a ya casi no. Entonces como no entendía cómo era posible para los sicilianos cruzar una calle, pues me fijé a ver cuál era el secreto. Y el secreto era ese. Como hemos salvado el pellejo por ahora eso quiere decir que así hay que actuar: tirándose al centro de la calle o avenida y luego Dios dirá. Curiosamente las ciudades Marroquíes tienen más semáforos que las sicilianas. Ya que hablé de Catania, pues la razón de la visita a esta ciudad de 350,000 habitantes; es que íbamos en dirección a La idílica ciudad de Taormina y paramos allí un tiempo mientras esperábamos el autobús a dicha ciudad. Más moderna y acicalada que Palermo, pero de tráfico también caótico.

Nunca debí de sentarme en el asiento de la derecha del conductor. Pero allí nos sentamos y entonces me tocó vivir todo un viaje de experiencias límite. Frenazos de intensidad emocional debido a atascos inesperados en carreteras secundarias que se van metiendo por las zonas urbanas y extrarradios y barrios de Giarre, Fiumefreddo, y Guiardini/Naxos que luego a partir de ahí la carretera sube en forma de zigzag hacia la montaña del sistema del Etna, que ya a partir de las cercanías de Catania preside la costa con su majestuosa forma y altitud que cubre como por un cordón de nubes; pero que cuando las nubes se medio diluyen por la tarde, aun sigue una especie de humo que desde luego ya no son nubes. Así que el autobús sube la pendiente hacia una ciudad que ya desde hacía varios kilómetros aparecía allí arriba en la montaña como si a alguien le hubiera dado por urbanizar la Sierra del Cuera y allí arriba montan un pueblo más grande que Candás. Pero así ocurre también con la ciudad de Enna en el centro oriental de la isla. Allí se encarama tal ciudad con todos sus monumentos y barriadas y bancos y centros comerciales y demás.

Una vez en Taormina uno se da cuenta de que es una ciudad turística mimada por los italianos que hacen de ella su modelo de turismo de atracción y allí actuaban Joe Cocker el vejete ese escocés que sigue con la ayuda de sus amigos (With a little help from my friendo, yeah!); y, también Santana y un festival internacional de Jazz y ópera en el teatro griego, etc. Pero mientras sube el autobús la figura siniestra del Etna no deja de preocuparme: ese volcán cualquier día va a producir un cataclismo mayúsculo, pues ese cráter y esas grietas laterales que siguen echando lava y humo es un aviso de lo que podría pasar. Ríos de lava, terremotos colosales, tsunamis demenciales; ruptura y separación de extensiones de paisaje que ahora se abre sin misericordia y todo se convierte en un infierno. El sistema montañoso del Etna me impresiona, me atrae; quisiera subir y verle de cerca y ver lo que se puede ver desde allá arriba. Ese dios de fuego domina gran parte de la isla y poco a poco mientras pensaba en estas cosas llegamos a una heladería y compré un cucurucho de helado de nata sabrosa que me levantó el ánimo también en forma de cono y lava espesa de placer. Taormina fue también griega, como la mayor parte de la Sicilia oriental, la Magna Grecia, de entonces. Pero esas cosas las tenéis que leer ahora que es verano y tenéis tiempo en la Wikipedia; veréis también que el siciliano es una lengua distinta del italiano pero como pasa con estas cosas la gente cree que es un dialecto del italiano y no es verdad, pero la verdad en estos casos como en muchos otros se la come un gato y la mayoría de los jóvenes sicilianos estoy seguro que ya se avergüenzan de hablar siciliano y usan el italiano más que su “dialecto campesino”. Por mí que les den con sus complejos.

En Taormina vimos el teatro griego, recorrimos las calles a 250 metros de altitud sobre el nivel del mar que cuando te asomabas estaba allí abajo y como el día era soleado y despejado pues el paisaje era supremo. Por cierto, Taormina fue motivo de un extraordinario en Il Corriere de la Sera de hoy.

Mañana sigo con Noto y Palermo de nuevo para visitar Corleone pasado mañana y Agrigento el martes.

2 comentarios:

  1. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  2. yo descubrí eso en Catania, sí: si te quedas en un paso de peatones esperando a que los coches se detengan para que te dejen cruzar, te puedes pasar el día. Pero si en cualquier punto decides tirarte a la calzada para alcanzar la otra acera ¡se detienen! Buenos recuerdos me has traído... Buen blog.

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