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domingo, 1 de marzo de 2026

BUSCANDO EL CENTRO DE LA DISPERSIÓN

Metallica: the Unforgiven. ¿Qué diferencia hay entre una luz infinitamente brillante y unas tinieblas infinitamente oscuras? Fúndase el universo en lo inefable. Una inexplicable diferencia en lo inefable dio lugar a lo creado. He de volver a leer Absalom, Absalom. Dígame dónde puedo encontrar la tumba del Unforgiven. Mi caminar sigue los paisajes de Tapies. Me disuelvo en superficies que me multiplican. No sabía que había tantas almas en mi alma: un alma de almas. Por eso no me encuentro. Una atracción fatal me arrebata a los infiernos del deseo. Es la diferencia de las diferencias concentradas en un símbolo: el infierno de la ingenuidad de un cuerpo humano. ¿Puede uno nadar en el fuego eterno? Para nadar en el fuego eterno uno ha de dejar de ser uno y llamarse Legión. Volvamos al principio. Apretaba con una palanca un huso de rosca que ejercía presión sobre unas prensas calentadas internamente a vapor que a su vez ejercían también presión sobre unos moldes de goma cruda lista para ser vulcanizada y así formar una pieza de aplicación eléctrica. La soledad de la calle me llevaba a una insatisfacción incierta. El mundo era algo cuyo significado no estaba a mi alcance. Internamente desconcertado. La subjetividad nunca encuentra apoyo en la abstracción del alma. Un edificio viejo y abandonado.


Ese era el final de la calle solitaria recorrida por un alma abstracta. Gatos viviendo en la oscuridad húmeda de un solar desagradable. Un día contemplamos un cielo intensamente azul desde las colinas de Balcones Fall. Soplaba la brisa seca que provenía de Llano Estacado. Hay futuro. Hay un rollo de pergamino que se llama el Libro de la Vida y se extiende por todos los cielos visibles e invisibles. He encontrado el relato de una bruja que habita mis profundidades arquetípicas y sus palabras despedazan mi carne a trozos. Lo insoportable se traduce en calmada angustia después de divisar el Camino de Dharmat: Luz, Oscuridad. Fundidos en un Espíritu Absoluto tras desarrollar el concepto abstracto. ¡Oh! Hegel, tu dialéctica no acaba de soldar la grieta entre el espíritu y lo sensible. Hubo un tiempo en que coger un tren era una aventura en si mismo recorrido mirando el paisaje por la ventanilla sin descanso. Luego vino otro tiempo en que coger un tren era sustentar un intervalo de tiempo de un destino al que nunca se quería llegar. Me he enfrascado en Alan Parson Project. La redención mesiánica se puede sentir y palpar a través de la música. Toda música es un juego de sonidos que nos trasportan a través de una perfecta metafísica ondulante plena de obstáculos, accidentes, subidas, bajadas, pliegues, repliegues, superficies lisas o estriadas; vértigos en toboganes de pura intensidad.

lunes, 2 de febrero de 2026

MI PERSONAJE HA DECIDIDO BORRAR EL SIGNIFICADO COMÚN DE LAS COSAS

Mi personaje ha decido borrar el significado común de las cosas y darles otro nombre. Así que esa taza de café ahora la llama "juiko", esa ventana es "climo-sorta", esa estantería "maffta-glpa". el burro que rebuzna en el prado es "Ploña". Ha reconstituido el mundo con sus propias palabras. Ahora tiene dos mundos: el de afuera, el mundo común, y el suyo propio. Además tiene su propio nombre desconocido para el resto de los humanos.

Su proyecto es cambiar también el alfabeto y entonces esa su realidad se haría más dificil de penetrar para el extraño. Y en ese caso todos pasamos a ser extraños. Me ha enseñado un texto suyo bajo los nuevos símbolos y me resulta efectivamente incomprensible, pero él es feliz leyéndolo y se ríe, se siente agusto consigo mismo. Me ha dicho en secreto que cree hay una comunidad en algún sitio de la Tierra y del mismo universo que comparten ese idioma. Que en realidad hay otros mundos y otros significados fuera de los comunes.

Pero también me ha dicho que al enredarse en el juego de símbolos ha conseguido profundizar más en su lenguaje secreto y ahora hay muchas más capas de significados que representan mundos y paisajes y personajes desconocidos. "Es una maravilla" lo que estoy descubriendo. No te puedes imaginar", me dijo.


Mi personaje sigue funcionando en la vida "real" y común de este planeta, pero tengo la impresión que lo está haciendo como un autómata. Es decir, su cuerpo visible se mueve como una máquina robótica, un cuerpo automatizado que trabaja, conduce su coche, es padre de familia, cocina en casa, hace la cama, ama a su mujer y a sus críos. Hasta el perro y el gato reciben "cariño" y "afecto" de mi personaje. Y sin embargo su alma no está ahí. Siento que su alma no vive en la misma esfera que nosotros. Su alma está en la dimensión de sus símbolos, lenguajes secretos, paisajes y panorámicas que no soy capaz de ver, ni menos entender.

Mi personaje ha conseguido mantener su cuerpo en nuestra vida común usando las palabras que usamos y haciendo lo que se supone que ha de hacerse para ser normal, pero yo sé que su alma sabe ya reencarnarse o materializarse de muchas maneras más y en otros registros y en otras dimensiones. Lo intuyo cuando hablo con él, cuando su voz se trasforma al tratar de explicar sus profundidades. Sus códigos simbólicos, sus combinaciones se han complicado más con nuevos programas que solo él domina y explora.

Un día su cuerpo apareció inerte, sin vida en su cuarto. Sin embargo en la pantalla de su ordenador dejó una extraña señal codificada con una mano amarilla diciendo adiós. Mi personaje había decidido dar por cumplida su aventura en esta Tierra. Ahora quién sabe qué nuevas vidas está viviendo. Deja una viuda desolada y unos hijos ya crecidos. Nunca su cuerpo terrestre había dejado de quererlos y darles todo aquello que necesitasen.

Mi personaje es ahora una ausencia triste, pero esperanzadora. Una prueba para mí de que este mundo podría abrir puertas a otras dimensiones ocultas si tuviésemos la motivación, la intensa y oscura motivación de reconstruirlo de otra forma o formas paralelas.

viernes, 16 de enero de 2026

LA EXTRAÑA CONVENCIÓN DE LOS FILÓSOFOS DESTERRADOS

Venían de todo el país. Eran hombres y mujeres con aspecto despistado pero de mirada profunda y ojos agotados al mismo tiempo y por paradójico que pareciera. Entraban por una puerta estrecha de un callejón trasero de una calle de barrio de la ciudad. Una ciudad importante de un país civilizado según los cánones de civilización moderna y avanzada. Todos se iban metiendo por aquella estrecha puerta y mirando de un lado a otro vigilando que nadie les estuviera siguiendo. Incluso ya en la calle normal de barrio se les había visto caminando con pasos inseguros, mirando a todos los sitios al mismo tiempo. Unos eran delgados, flacuchos, algo encorvados. Otros, algo gruesos debido a grasas acumuladas por falta de ejercicio, pues las horas de lectura de las grandes obras filosóficas y el tiempo de reflexión lo hacían sometidos a una necesaria vida sedentaria. Las mujeres por alguna razón llevaban gafas gruesas, pero los cuerpos parecían más cuidados. La filosofía las hacía más activas y lucían cuerpos saludables. Otros venían en sillas de ruedas cargadas de libros en un tiempo en que los libros ya eran pura decoración o piezas de museo. Muchos vestían túnicas raídas y se llamaban a sí mismos estoicos radicales. Los platónicos vestían de traje blanco, los aristotélicos de mono azul, los escolásticos vestían de sotanas negras y los cartesianos se vestían con trajes impecables verdes y cuadriculados. Los demás no destacan por su vestir que era común y tan variado como el de cualquier ciudadano normal y corriente. Todos, sin embargo, dejaban ver esa mirada profunda y agotada y a veces desencajada. Pero se les veía decididos. Algo así como si fuesen dueños de los secretos y verdades del mundo, pero humildes al mismo tiempo. Quizás tímidos. Todos eran paradojas vivientes los que iban entrando por aquella estrecha puerta del callejón trasero.

A medida que entraban iban bajando escaleras muy poco iluminadas. El olor del ambiente era rancio. Un aire viciado por falta de ventilación. A medida que iban bajando pisos bajo tierra hacían rezumbar sus pisadas, sus zapatos de suela gruesa, botas enormes de seguridad forradas con hierro, otros llevaban zuecos asturianos, otros zapatillas de sala de estar, mujeres con zapatos topolinos, todavía otros descalzos. Faltaba decir que casi todos portaban grandes mochilas pesadas donde llevaban el bagaje de su pensamiento. La materialidad de su pensamiento en forma de ordenadores, o de libros, o de apuntes, o de símbolos extraños de madera y piedra, de baterías de larga duración, de alimentos en forma de latas de conserva, de linternas de varios tamaños y colores.


Bajaban. Iban bajando pisos y más pisos. La humedad y el olor rancio se fue transformando en un aire pútrido que producía náusea, pero nuestros filósofos eran valientes, decididos, nada les podía parar o impedir llagar a su destino. Afuera el mundo los había convertido en una especie a eliminar. Poco a poco la filosofía iba despareciendo de las universidades, de los centros educativos, los filósofos no se atrevían a mencionar la filosofía para no ser vilipendiados, objeto de burlas soeces, incluso se les llegaba a escupir con desprecio. Más tarde fue la más absoluta indiferencia: la filosofía había pasado a ser un conocimiento oscurantista, esotérico, escatológico, mágico-escapista propio de enfermos mentales paranoicos, esquizofrénicos, psicóticos agudos… Sin embargo el estado no las tenía todas seguras y acabó reduciéndolos a la más absoluta negación de su existencia, sabiendo que nunca podría extirpar de un modo discreto y silencioso a tales despojos humanos envilecidos por su modo de cuestionarlo todo y dejar todas las certezas y obediencias al desnudo. Podían llegar a ser un veneno ponzoñoso aun cuando los ciudadanos del país ya sabían reírse cuando se les hablaba de aquellos filósofos casi desaparecidos.

Los filósofos seguían bajando pisos subterráneos retumbando sus botas, sus distorsionantes calzados, sus cuerpos torpes, sus mentes lógico-expansivas, sus globos mentales que alcanzaban a perderse en el cielo infinito, pero también su absoluto realismo con los pies muy pegados en la superficie del planeta que siempre les resultaba un misterio indescifrable, pero casi al alcance de la metafísica decisiva.

Y bajaban escalones y pisos….

Y más pisos y más escalones, y las luces cada vez más mortecinas. Y los olores ya parecían insoportables pues un hedor tenebrosamente punzante les hacía colocarse unas máscaras que ya llevaban preparadas. La filosofía estaba preparada para cualquier situación existencial por muy dura que resultase. La bajada parecía no acabar nunca y el presentimiento era de alcanzar un hades o sheol desde donde luego podrían catapultarse hacia los prístinos espacios de la Razón e Imaginación por medio de las abstracciones más suaves y placenteras. Otros murmuraban sobre la imposibilidad de encontrar ningún refugio del espíritu y el consuelo era probar que la fisura que nos separa del paraíso era eterna. Sufrimiento y desasosiego eterno.

Y seguían bajando y bajando…

Hasta que la más absoluta oscuridad los fue cegando, se iban perdiendo por las más abyectas tinieblas y el aire era corrosivo.

Se fueron convirtiendo en seres viscosos con ojos reptilianos. Empezaban a caminar a cuatro patas y sus aullidos eran como gemidos intraducibles.

De repente fue la luz.


Y la luz los fue transformando en ángeles. Por fin habían alcanzado la verdad. Sentían una especie de orgasmo cósmico que los disolvía en puro deleite. Se sentían desnudos ante la verdad y su deseo era infinito, tan infinito como inalcanzable. Flotaban en una atmósfera fresca y limpia habitada por conceptos inflados como globos que se iban estructurando alrededor de las categorías parecidas a enormes diamantes. La atmósfera fresca se fue trasformando en una multitud de atmósferas que se iban dispersando bañadas por intensas luces de diferentes colores. Eran los espacios metafísicos tan anhelados por todo filósofo aspirante a las esencias, a las ideas, a las palabras eternas, al final de todo sosiego y sufrimiento. Una estructura lógica iba cristalizando todas las atmósferas en forma de red soldada por argumentos de todo tipo. Argumentos, silogismos rocambolescos, proposiciones, juicios, metáforas desconcertantes, metonimias resbaladizas, dialécticas desarraigadas de toda Realidad y dispersadas por multitud de Universales…

Nuestros filósofos trasformados en ángeles sentían que sus deseos, sus pulsiones, sus neurosis, sus obsesiones, sus anhelos, sus territorios puros o demencialmente desterritorializados, llevaban al placer orgásmico y orgiástico de cuerpo/mente fuera de tiempo, absorbidos por el Ser de Parménides donde toda la historia terrenal se podía contemplar en un presente absoluto…

Había merecido la pena haber venido a la Convención Filosófica más secreta y profunda del planeta. La Verdad se fundía en puro placer y luz, intensa luz.

Hasta que la luz se apagó.

Y la nada borró todo como un simple soplo.

Todo dejó de ser y existir y la oscuridad se hizo eterna. Absolutamente muda y sin sentido.

Amén

viernes, 9 de enero de 2026

OBJETIVO: HOSPITAL DE FAIRFAX

 Abro este espacio y entro con palabras. Me tengo que ir abriendo y articulando para que tú me reconozcas. Con palabras que iremos abriendo y al mismo tiempo que vamos abriendo significados nos vamos haciendo idea de cómo podemos hacer un mundo. Quizás una comunidad si otras mentes entran a leernos y les atrae lo que decimos. Pero de entrada nos hemos de hacer a la idea de nuestra singularidad y soledad. No pasa nada. Lo que estamos haciendo ya está registrando para una eternidad que por ahora es una palabra más en este registro. Al pronunciar "eternidad" la palabra se asocia a una idea simple sin encarnación o materialización posible. Dios es eterno y vive en una eternidad. Imposible de comprender o visualizar. Una idea abstracta. La eternidad filosófica. Fuera del tiempo/espacio. La podemos abstraer, pero no vivir como experiencia. Pero la podemos concebir como abstracción. Importante. Ya vamos avanzando en este espacio a través de palabras. Creo que contamos con un infinito registro de significaciones.

Voy a empezar en un punto. Un punto que abro ahora y hablo/escribo: la niña tenía unos siete meses y padecía de un fuerte catarro. Alexandria, estado de Virginia. Su madre está trabajando dando clases en una escuela elemental. Yo, quien escribe, recuerda que tenía una consulta en un centro médico de Arlington. Meto a la niña en su asiento de bebé bien sujeta en la parte de atrás del Toyota Corolla y llego a la consulta. Es invierno. Anuncian nieve y está oscureciendo. La doctora es iraní, una mujer de mediana edad de rostro agradable. Una mujer guapa. Explora a la niña para descartar que tal catarro o condición gripal no es un síntoma de meningitis. Pero al final de la exploración no está segura de haberlo podido descartar. Entonces elabora un informe breve y me dice que debo de llevarla a urgencias a un hospital de Fairfax. Debo de amarrarla bien al asiento impidiendo que mueva la espalda. Voy con la niña de siete meses al coche y la sujeto lo mejor posible fija al asiento de bebé. Anochece. Amenaza nieve. De hecho ya comienza a nevar. El Hospital de Fairfax me queda a unos 20 kilómetros. He de avisar a mi mujer, pero en ese instante no puedo. Es el año 1987. No hay móviles. Primero he de llegar al hospital de Fairfax cuanto antes. Se trata de un caso de urgencia. Posible meningitis. Nervios. Ansiedad. Angustia quizás. La niña tose atrás. No se puede mover bien. La médica ha decidido que si la llevo yo ahora sería más rápido que llamar a una ambulancia de la que no disponía el centro médico de consultas.

Miro el mapa, apunto la ruta. Hay que meterse por una carretera secundaria. Nieva. Caen gruesos copos. Me dirijo con valor y fuerte concentración al hospital de Fairfax. Mi mujer tiene que saber cuanto antes dónde estoy y ha de venir como sea. Los veinte kilometros por la noche y nevando son una pesadilla. La niña llora angustiada. Quiere que la coja. He de seguir con concentración máxima. Pongo la radio y anuncian nieve en Fairfax county y toda la zona de Arlington, Prince Williams, DC, etc.

Llego al hospital y paso a urgencias. Leen el informe y me cogen a la niña y me dicen que espere en la sala de espera. La niña desaparece tras unas puertas batientes con gente de uniformes verdes y anchos. El hospital es moderno. Hay varias personas esperando. Voy al teléfono y llamo a la escuela elemental donde trabaja Robbie. Dejo un mensaje a la secretaria explicando la situación. Y espero. Durante la espera llegan accidentados debido a la nieve. La espera resulta angustiosa. Llevo ya una hora y cuatro cafés de máquina. Por fin llega Robbie. La ha traido una compañera a pesar de que la nieve ya cubre las carreteras y las hace inseguras. Hablamos. Desahogamos. La amenaza de algo serio nos hace sentirnos una sola persona. Una fuerza intensa, especial nos une más que nunca en ese momento en la sala de espera de urgencias del hospital de Fairfax. Ya son las ocho. Han pasado dos horas. Paseos nerviosos por pasillos, dando vueltas al círculo que forma el pabellón de urgencias. En un momento determinado un médico ataviado con las vestimentas verdes propias de actuaciones urgentes, nos dice que ya han hecho una punción en la columna para analizar el líquido y comprobar si hay o no hay una meningitis. Nos dice que esperemos un poco más. Hay más


ambulancias que llegan. Gente. Familiares angustiados. Hay oscuridad afuera con reflejos espectrales de nieve. Frío. Mucho frío. Sensación de que la vida en cualquier momento se puede abrir a inesperadas complicaciones y todo puede cambiar de forma radicalmente imprevista rompiendo las normales expectativas de una familia con su primera niña. Contingencias. El tiempo se abre a cada instante dejando entrar al futuro para hacerse pasado en la memoria. No hay presente salvo como palabra referida a momentos en puro flujo.

Al final, despues de una hora más de espera el médico sale y nos indica que le sigamos a su despacho adyacente. Nos dice que no es un caso de meningitis, sino un cuadro de gripe fuerte con alguna complicación bronquial, pero que con antibióticos se soluciona. Nos hace las recetas. Recogemos a la niña con alivio. Descompresión. Las fuertes emociones se van descomprimiendo en forma de gran alivio. De libertad y nueva oportunidad de vivir al margen del peligro, la angustia, la pesadilla de una incertidumbre de futuro.
Llegamos a casa. Alexandria, Virginia. A unos tres kilometros está el Pentágono. Llegar a la orilla del río Potomac es un paseo. La niña de nuevo en casa. Robbie la mima y la acuesta. Yo me deslizo de nuevo al Toyota Corolla y me meto en un Seven Eleven para comprar una botella de vino californiano. No bebo. Nunca bebí. Pero aquella circunstancia habría que celebrarla al modo pagano. La alegría era intensa.

Cierro este relato. Hay un punto. Al abrirlo de nuevo entramos en otro episodio, otra circunstancia. Otra exploración imaginativa vivida, creada, probada: otro viaje más en el flujo espacio/tiempo.


martes, 4 de noviembre de 2025

EL HOMBRE QUE NO SE COMÍA UN ROSCO

Iba a una discoteca oscurecida por un color rojizo. El color rojizo difuminaba su figura. Su rostro. La música inundaba los espacios. Las paredes también estaban aterciopeladas de rojo. El local se distribuía en espacios más bien discretos que permitían a las parejas gozar de cierta intimidad. El color rojizo se oscurecía más en ciertas esquinas o cuartos semicerrados. La música siempre sonaba. No había silencios. Era una continuidad de música rock o melodías suaves que incitaban al baile apretado, apasionado de deseo, de presión erótica.

Nuestro personaje iba solo. Era un tanto extraño ir solo a una discoteca donde la mayoría de clientes solían ir con su pareja, o sus amigos, o su pequeña pandilla de alegres amistades en busca de la apertura a una más estrecha intimidad. Todos encontraban su sitio, sus espacios, sus asientos mullidos. Los camareros recogían los pedidos de bebidas y pronto iban sirviendo las dosis de alcohol necesarias para ir templando el ambiente. Rojo. Color rojo. Algo demoníaco tiene el color rojo. La incitación a la concupiscencia, a la voluptuosidad; a trasformar la libido en sexo, crudo sexo que habría de esperar su satisfacción.

Nuestro personaje se sentaba solo. Escuchaba la música solo. Miraba a la gente que iba a bailar a la pista salpicada de luces psicodélicas. Todavía pocas parejas. Chicas hermosas de minifalda exponiendo sus bellas piernas bien torneadas y curvándose al son del ritmo trepidante del rock. Hombres vestidos para el momento, con apariencia informal, pero la ropa se veía bien escogida y casi diríamos que cara. No decimos muchachos porque los hombres ya comenzaban a salirse de los veinte y podríamos decir que eran gente con ganas de alargar su satisfactoria soltería. Hombres de profesiones estables y sueldos aceptables que disfrutaban de parejas ocasionales, o quizás ya se habían decidido a estabilizar alguna relación con visos a continuidad.

Nuestro hombre seguía solo. Nadie parecía conocerle, ni él conocía a nadie como para entablar una conversación de buenas tardes. ¿Tímido? ¿Raro? ¿Introvertido? ¿Una persona curiosa dedicada a la observación sociológica de estos lugares de elegante lujuria? Nunca lo sabremos. Lo curioso era que en ocasiones se levantaba, se dirigía hacia la pista y se ponía a bailar solo. Visto ahora en el centro de la pista y bajo las miradas más bien indiferentes de las chicas, parejas o personas en general, nuestro hombre vestía de forma no exactamente adecuada para un ambiente que requería de cierto gusto y estilo; pero que si alguien no sabía exactamente cómo adaptarse, se notaba una disonancia pretenciosa que podría ser juzgada de hortera. Creo que era así cómo nuestro hombre encajaba en tal discoteca.


Bailaba y bailaba. Pero ninguna chica se veía atraída por él. Se habían dado cuenta que al arrimarse algunas veces para insinuarles bailar, se sentía torpe, seco, la voz se distorsionaba. A veces la distancia era demasiada y la mirada descentrada. Digamos que nuestro hombre no ofrecía confianza. Era un rarete, un tipo quizás despistado, desplazado, inadaptado, o alguien con un pobre trabajo que intentaba aparentar lo que no era y por lo tanto estaba fuera de lugar. O quizás no. Algunas chicas lo comentaban con sus hombres de aspecto seguro y viril: "Ese chaval parece autista", o " a mí ese chico me da cierta lástima", o "yo creo que necesita que le demos un poco de entrada, pero me da no sé qué bailar con él".

Nuestro hombre, mientras tanto seguía bailando solo por un tiempo. Luego se volvía a su sitio y seguía bebiendo cubalibres de ron hasta que llegada cierta hora ya tarde y aburrido, se iba tal como había llegado. Es decir, no se había comido un rosco aquella tarde-noche, ni los días anteriores, ni tampoco al día siguiente.

jueves, 24 de julio de 2025

UN PASEO POR LA CIUDAD

 Caminar por la ciudad. Fijarse en las caras de la gente. O cómo andan. O qué direcciones siguen. También cómo viste la gente. No conocemos a nadie, en principio. Vamos caminando y no nos tropezamos con nadie que podamos reconocer. Toda la gente que vemos nos es desconocida. No sabemos nada de su trabajo, de su carácter, de su condición social o civil. Nada sobre su pensamiento, gustos artísticos, lecturas, música que oyen, personas con las que viven o comparten su intimidad. Nada sobre sus problemas económicos, si los tienen. Algunos podrían estar en la pura indigencia, pero nosotros no lo sabemos. Quién sabe, por otra parte, cuál es el estado emocional en que se encuentran. Podrían estar cabreados, en plena ebullición anímica, posiblemente al borde de agredir a alguien por cualquier cosa. O podrían estar calmados, felices porque la vida les va bien después de todo. Les ha salido bien la herencia que se estaba tramitando, han acabado de pagar la hipoteca de un piso. Su amor ha sido correspondido. Le han aceptado en el trabajo después del nerviosismo de la entrevista.
O quizás acaba de morir un ser muy querido y la tristeza es abrumadora. O también le han anunciado que es posible que padezca cáncer. O ha de dirigirse al hospital a ver a su hijo. ¿Quién sabe si cree o no cree en Dios, si vota a este partido o al otro o al de más allá? ¿Y si padece alguna furia mental y no está viendo la realidad que nosotros estamos viendo? Quizás haya muchos caminando por esta ciudad que están viendo cosas que nosotros no vemos. Que estén metidos en algún submundo de la urbe manipulando negocios ilegales. O también podrían ser espiritistas en contacto con el más allá. Miembros de alguna secta ultra secreta practicando ritos antiquísimos fuera de nuestra escala de comprensión. Todos vestimos de una manera u otra, pero no somos capaces de llegar a sus mentes, a sus almas, a sus recuerdos, a sus sensaciones. Sólo vemos lo exterior, lo visible, lo palpable, quizás alguien hable con otro. Ponemos la oreja y hablan de la muerte de alguien. Aquel es un solitario. Aquella es la mujer más libre e independiente del mundo. ¿Quién sabe?Solo sabemos que estamos caminando por la ciudad y por ahora no hemos sabido identificar a nadie conocido, a ningún familiar, a ningún amigo. Es una ciudad. En la ciudad. Por sus calles y sus escaparates, y sus letreros. Móviles. Circulan los móviles. Se palpan los móviles.

La ciudad es una red. Circulamos por la red concreta, real, sensual. Lo sentimos cuando pisamos y los tacones hacen toc-toc. Lo vemos en los colores, las tonalidades, los objetos son reales pues los puedo tocar. Olemos. Olores. Se desprenden olores que nos pasan desapercibidos, salvo que sean olores fuertes. Un alcantarilla reventada. Un perfume agresivo. Una tienda que vende especias. Un coche que suelta más humo de lo normal. Un aire cargado de humedad.

Seguimos caminando por la ciudad. Nos hemos perdido por la ciudad. Sabemos que hemos de dirigirnos a nuestros puntos fijos de habitabilidad. Al habitáculo. Al piso. Al entrañable rincón de protección. El hogar. Lo hogareño. La intimidad de lo hogareño.

sábado, 20 de julio de 2024

HOPE NEVER DIES

 HOPE NEVER DIES

It's not from a mountain top
But from the top of the stairs
Where I'm watching the city on flames and despair
Didn't flee and now I'm doomed
Can't hold it anymore
It's the whole building coming down,
God, why are you claiming my soul?
Is death the only way out?
Or perhaps will I be grabbed by an angel
Before the city turns into a real hellish nightmare?
Didn't pay enough attention
When things went off balance
Thought our lives were blessed by sheer good will
But instead demons came up from the underground
Ready to take over to crown their fiendish King
Is death the only way out?
Or perhaps will I be grabbed by an angel
Before the city turns into a real hellish nightmare?
I'm being covered by a red cloud
And a dark sea is rising choking my soul
Hoping to wake up in the threshold of death
And get up under the light of a new sunrise.
Hope never dies.

viernes, 7 de junio de 2024

EL BOSQUE PROFUNDO (EL CUADERNO DE MIRLA RADAKRISNA)

Cuando entro en el extenso bosque denso y húmedo en el territorio donde vivo a veces me encuentro con siluetas que cruzan, sombras que circulan, susurros que se desvanecen, aullidos humanos que languidecen después de un tiempo. A veces. No siempre. Si es una sombra y está demasiado cerca, entonces distingo un claro rostro de bruja o brujo que no logra permanecer lo suficientemente consistente como para poder delimitar una clara fisionomía. En realidad son seres indefinidos que ya no subsisten en ningún cuerpo formado, con forma; sino que te das cuenta que son espectros que pretenden ser pero no son. Que se te aparecen y los ves y te miran y parecen querer apoderarse de tí para encontrar nueva forma, aunque sea robada o prestada, pero no es posible desde el momento que cuesta trabajo saber si esa sombra es algo real ahí afuera o es algo aquí dentro en mi alma. A veces no sé si el bosque mismo habita mi alma o es una entidad natural y real con esos árboles de troncos tan gruesos y centenarios y ese ramaje tan denso, tan tupido donde los pájaros y las ardillas encuentran protección. La humedad penetra mi cuerpo con intenciones de disolverlo y a veces parece lograr sumirme en un indecible sopor, pero por alguna razón fuera de mi comprensión logro permanecer como cuerpo. Aunque a veces dudo si soy un cuerpo.

No cabe duda que en este bosque no sólo habitan los árboles inmemoriales, también viven bajo tierra, en cuevas, en los ramajes de más densidad y altura: seres humanoides cuasi aéreos dotados de alas como de murciélagos. Nuestra vida está sometida a los sentidos, pero los sentidos se pueden atrofiar o dilatar en mayor y mayor sensibilidad y entonces comienzas a ver lo que tus vecinos o amigos no ven. Para ellos el mundo es consistente, algo real y dado, de sentido común y costumbres tan asentadas que viven confiados a pesar de sus contínuas desavenencias. Quizás lo que nos forma como cuerpos que se distinguen unos de otros es algo siempre en flujos de inestabilidad, de vaporosidad o viscosidad informe que va logrando encontrar forma creando sus tiempos y sus ritmos, sus extensiones y sus límites y circunscripciones; pero al mismo tiempo bajo el persistente peligro de ruptura y disolución, de fusión y confusión con algo que nos habrá de transformar o mutar... Dios mío, pero es posible que también un cuerpo y alma se vayan transformando lentamente en gradación inesperada hacia los espectros de las sombras, las siluetas, los aullidos.
Dudo. Tengo dudas. Este bosque me abruma. He de volver a mi triste mansión de viuda achacosa y solitaria del antiguo barrio de Huécanarsk donde casi siempre está lloviendo y el fuego del hogar ha de permanecer siempre encendido.

jueves, 6 de junio de 2024

APUNTES EN EL CUADERNO DE MIRLA RADAKRISNA

Curioso. No logró espantarme. Su lenguaje corporal y su modo de actuar intentaban espantarme. Pero no me espanté, no huí, no respondí al desafío. Sólo miraba, contemplaba. Contemplaba la escena, el escenario, el momento. Luego la función se acabó. Todas las funciones acaban. Todo sigue prolongándose en el tiempo. Habrá más escenas, más escenarios, más funciones. Intentará camelar, convencer, o espantar.


Creo que me he vuelto muy indiferente hacia muchas personas. Ya no me causan interés. Las encuentro aburridas. Puede haber excepciones. Cada vez más raras. Mis paseos solitarios me dan el misterio que busco. Hoy he descubierto que si falta una brizna de hierba en un prado o un pájaro desaparece, o un cabello de tu cabeza deja de existir sin razón alguna, entonces el universo ha de colapsar. No puede faltar nada, pues esa hierba y ese pájaro o ese cabello de tu cabeza son eslabones fundamentales para que el universo se sostenga. De no ser así todo colapsaría y todo dejaría de ser. Algo sustenta el universo.

martes, 4 de junio de 2024

¿ACASO HUBO ALGUNA VEZ ALGUNA REALIDAD? OIGA, DÉJEME EN PAZ DISFRUTANDO DE MI VIDA

Vamos a especular sin poner freno a la imaginación. Un movimiento en tiempo/espacio o un proceso energético como es cualquier objeto o ente,-- porque una cosa no es algo estático, sino un proceso hacia su descomposición o desintegración o mutación o transformación hacia otras cosas, por lo menos en nuestro paradigma de experiencia--, está imbricado, absolutamente ligado en forma de sucesos que se extienden hacia un infinito de sucesos y procesos y acontecimientos todos necesarios sin que sepamos por qué son necesarios, pero su imbricación e inevitable relación unos con otros,

sean estos físicos, mentales, oníricos, existentes o conceptos del entendimiento, hacen de ellos algo necesario ocupando un lugar o no-lugar en un infinito que ni tan siquiera nos podemos imaginar, aunque sí posiblemente abstraer de un modo matemático. Considerándolo todo bajo una inmanencia absoluta, nada falta ni nada sobra y todo está en su justo sitio para ello mismo, otra cosa es lo que nosotros percibimos y sufrimos desde nuestro paradigma humano.
Incluso si la física cuántica nos hace ver que en sus dimensiones ya no sirven las categorías de tiempo y espacio, de causa y efecto, que una cosa no puede ser ella y otra al mismo tiempo, principio de no contradicción, etc., todo ello sigue estando imbricado, relacionado, en función de algo ahora ya inimaginable, fuera de nuestras coordenadas de razón, entendimiento, intuición o imaginación. Sobrepasa de un modo abrumador nuestro horizonte cognitivo humano.
Si habitamos en un absoluto plano de inmanencia las diferencias pierden todo estatus de mayor o menor valor, de más o menor inteligencia, de perfección o imperfección, de racionalidad o irracionalidad, de moral o inmoral o amoral, de bien o mal. Todo el universo se funde en una absoluta igualdad de energía en un juego sin sentido. Todo suceso inmerso en la experiencia humana, toda estupidez, toda crueldad, toda acción desinteresada, toda obra noble, toda lucha social o en pro de algún grande objetivo histórico o de punto Omega de un cosmos, no son más que un puro fluir de flujos en juego persistente hacia un infinito dentro de una eternidad que a sí mismo posiblemente se contemple (no alcanzamos a saber cómo sería tal "contemplación") como absolutamente estática.


Si hemos podido llegar a visiones de este tipo, ya no sólo es la "decadencia" de un Occidente hedonista y agotado de ideales o valores, también es la decadencia de toda la especie humana a corto o largo plazo, ningún integrismo o fundamentalismo se podrá blindar contra esto. Si este nihilismo forma parte de la misma ciencia como ciencia, es cuestión de tiempo que toda ideología, religión dura o blanda, sistema político de una u otra forma acaben en la pura y dura decisión totalitaria de supervivencia bajo el crudo poder de un Gran Estado burocrático o tecnocrático muy consciente de su fría misión de supervivencia a toda costa. Sería la vía libre del mayor cinismo manipulador, programador de mentes bajo ilusiones vanas, paraísos artificiales, realidades virtuales donde la confusión de realidad e irrealidad ya se habrá producido y posiblemente sea la vía de salida a toda una humanidad que comenzará a fundirse en lo virtual sin jamás poder ya encontrar o saber si en algún momento hubo realidad

lunes, 3 de junio de 2024

EL SUICIDIO DE HEMINGWAY

 Salió de su casa. Arrancó su Wolkswagen Beetle y se dirigió por la autopista 20 en dirección Shreveport (Lousiana). Vivía en Mesquite, ciudad colindante con Dallas y ahora iba derecho a su trabajo de mantenimiento en Highland Mall, un centro comercial de gigantescas proporciones. Entraba a las seis de la mañana y salía a las diez. Eran cuatro horas importantes que ayudaban a pagar la renta y al mismo tiempo seguir el horario del Eastfield College para acumular las horas crédito para entrar en la universidad estatal en Austin: la prestigiosa University of Texas en Austin. Robbie, su mujer, enseñaba en la Mesquite Elementary School. Para entrar a las seis había que levantarse a las cinco de la mañana. Un buen café reavivaba la mente y lograba conducir con cierta frescura matutina que en invierno podía ser dificultoso por el hielo que a veces se formaba en las autopistas, sobre todo en sus pasos levadizos de cambio de sentido.


Aquella mañana era una mañana como todas las demás. Es curioso cómo la rutina se instala en cualquier estado de una vida y todo parece afianzarse en lo infinitamente repetitivo. Parecía que había pasado toda su vida en Dallas haciendo ese trabajo y esa rutina. No era que él pensase tal cosa mientras llegaba al centro comercial y aparcaba en el gigantesco parking, no; era que aquella situación le parecìa natural, cuando todo era extraño en un país dónde estaba abriéndose un futuro totalmente incierto. Pero su mente asimilaba las situaciones como aceptada normalidad. Vivía el presente como algo ya dado y no elegido. Extraño.

Hizo su trabajo de reparaciones varias de cambio de tubos de neón, de limpieza de pasillos y superficies con una pulidora de cera tan voluminosa como un pequeño tractor, luego, las superficies maquetadas con fibra sintética imitando césped requerían de otro aparato con limpieza de vapor y otras sustancias químicas. A veces había que ir al taller a reparar alguna máquina sencilla que luego habría de atornillar o colocar en alguna pared o dependencia. Con él  trabajaba un tal Red que siempre venía cargado de fumar hierba bien temprano, había dos negros que se separaban a limpiar otras zonas o piso superior, también estaba un chicano y un indio apache absolutamente silencioso. Pero compartiendo la misma tarea estaba un anglo larguilucho algo más joven que él. Era un hombre trabajador, un tanto reservado pero de buen trato. A las 8:30 paraban por un cuarto de hora teórica para tomar un café y quizás desayunar un plato de huevos revueltos con bacon o puré de patatas. 

Esa mañana pararon como siempre para el coffee break y el anglo larguilucho cuyo nombre era Craig, comenzó a hablar de literatura americana. Quizás porque él ya le había dicho antes de un modo informal que estaba matriculado en un curso de literatura en el Eastfiled College y que tenía que leer a Hemingway entre otros. Entonces Craig le preguntó por Hemingway y lo que pensaba de él, de su estilo, etc. El larguilucho se veía que sabía de Hemingway y entre sorbo y sorbo de café se fue explayando sobre su estilo y sus libros y su vida. Él entonces le mencionó el trágico suceso de su suicidio por un disparo. Como si el disparo se hubiera producido en ese instante el anglo Craig guardó silencio y se le quedó mirando de un modo algo perturbado produciéndose en ese momento cierta tensión psicológica tan inesperada como inquietante, pero como pronto había que volver al trabajo él aprovechó para echar una meada al váter cercano. Se puse a mear en uno de los urinarios y de repente sintió cómo dos manos de acero le agarraban el cuello con furía demencial. Dio la vuelta un tanto conmocionado y de nuevo las manos se colocaron como unas tenzas a estrujar su cuello y con la bragueta abierta y las vergúenzas al aire se trató de defender de tal terrible agresión en la soledad del baño público de la primera planta. Al tiempo que el larguilucho Craig le intentaba estrangular le repetía a gritos y desesperado que por qué había mencionado el suicidio de Hemingway, ¡por qué!, ¡por qué! gritaba y él buscando aire hasta que por pura intuición y reflejo ya condicionado en su tiempo de servicio militar en la Compañía de Operaciones Especiales, hizo uso de una salida de estrangulación que le salvó la vida. No fue difícil. Al verse libre salíó corriendo y se dirigió a la oficina del supervisor de la mañana. Le contó lo sucedido y pronto le puso a disposición de seguridad, mientras el supervisor le explicaba que el tal personaje estaba a prueba después de haber estado a un largo tratamiento psiquiátrico, pero que era evidente que el tipo todavía no estaba curado ni restablecido. Pasado un tiempo se dirigió al parking arrancó el motor de su Wolkswagen Beetle y se fue como una exalación al Eastfield College a seguir los cursos de graduado para adquirir las horas crédito necesarias para matricularse en la University of Texas at Austin.


https://atrionesalem.blogspot.com/2024/05/los-cuadernos-malditos-de-mirla.html?sc=1717444934974#c4663307047538520511

domingo, 2 de junio de 2024

HUME Y LA COSTUMBRE Y EL ALUCINANTE VIAJE DE MARY Y FRANK EN LA MENTE DIVINA

MARY: Según Hume, dependemos de la costumbre, no de la necesidad, Frank. Eso quiere decir que cuando crucemos ese túnel quizás nunca más podremos salir de él, o a lo mejor el túnel se hunde cuando estamos pasando, o aparecemos en otro planeta al salir, o en lugar de salir en coche salimos en bicicleta pedaleando en pleno centro de Nueva York. Eso es lo que quiere decir Hume con su filosofía: nada está garantizado en este mundo. El hecho de que las cosas se comportan como se comportan es que se repiten todos los días de la misma manera, pero no porque haya unas leyes escritas en la naturaleza que las garanticen; sino porque la repetición y la costumbre de ver las cosas comportarse de esa manera nos inducen a creer que son leyes inexorables e inmutables. Pero en realidad vivimos en un mundo que jamás sabemos de forma segura y absoluta qué es lo que va a pasar el próximo segundo.
FRANK: Bueno, Mary, ya hemos cruzado el túnel y no ha pasado nada. Para el caso patatas, si esa costumbre se cumple todos los días y años y años, entonces me da igual que sean leyes necesarias o costumbre que hemos adquirido al ver repetirse las cosas de una forma esperada. Hume era muy inteigente, pero no nos sirve para la vida diaria, la vida real.
MARY: No te creas Frank, es mejor vivir con la intuición de que todo puede pasar. De repente podríamos salir volando con este coche al trasmutarse toda la realidad y veríamos allá abajo la ciudad de Tokio en cincuenta colores; o sin darnos cuenta podríamos estar viajando al pasado y hacernos más jóvenes, y ver a la gente que conocimos y la abuela Merlia seguiría viva esperándonos con el te y las pastas en la mesa.... según Hume esa trasmutación extrema bien es verdad que no se podría predecir, pero nada, absolutamente nada, está garantizado que suceda como esperamos. La vida queda abierta a la más extrema contingencia.
FRANK: Tenía un amigo, Mary, que pensaba que en realidad vivíamos dentro de la mente de Dios; y, en esa mente todo lo que estaba sucediendo era Dios mismo actuando a cada instante, pero al ser Dios todo ello: montañas, gente, un pueblo, el mar, etc., cada movimiento, cada insignificancia, cada palabra que estamos pronunciando ahora, cada pensamiento o premonición, cada recuerdo, pues todo ello adquiría una importancia suprema en el todo de Dios (si se puede hablar de todo, es un hablar), ya que ese aire que sopla ahí afuera, o esa montaña, da lo mismo, son absolutamente necesarios para la cohesión de todo el universo-mente divina. Nada tendría una superioridad ontológica sobre cualquier otra cosa: un sapo sería tan necesario como un planeta, una sombre tiene la misma razón de ser que un recuerdo, una lagartija, es tan importante y absolutamente necesaria como una compleja ecuación matemática o el sol. Sería una absoluta inmanencia divino-mental donde nosotros, tú y yo ahora conduciendo este coche, pues sostendríamos el todo absoluto de tal universo, como el neumático de una rueda o la mirada que yo proyecto ahora sobre ti.
MARY: ¡Wow! Sensacional, Frank. ¡Vaya amigos que tienes!
FRANK: Pero eso incluye, y a eso iba Mary, que en cada momento o instante de la mente divina donde estamos incluídos, nada está fijo en un orden absoluto tal como nuestra mente lo entiende. Esa necesidad de que cada cosa o acontecimiento por muy insignificante o soñado o fantasioso que nos parezca hace posible tal universo, ya que si esa sombra o ese gusano existen es porque todo el universo mental de Dios lo necesita de un modo absoluto para que todo funcione en una eternidad. Sería un espacio mental donde no hay juicio moral alguno, donde todo es tan importante y absoluto como cualquier otra cosa. Crímenes, torturas o cosas bellas producto del amor más desinteresado estarían en el mismo plano de igualdad en esta pura inmanencia divina. Y esto es lo inquietante. Mi amigo decía que era la única manera de entender el llamado problema del mal: no hay mal ni bien. Simplemente HAY.
Y ahora acabo con una sorpresa que lo liga con lo que tú decías de Hume y la costumbre y la absoluta contingencia de la misma existencia. Es imposible desde nuestra mente (dentro de la mente divina), saber lo que Dios piensa en cada instante, y lo que en Dios significa absoluto, y lo que todo esta metáfora de la mente divina ES en realidad. En cualquier momento el universo podría transformarse en otro universo, en otra dimensión de leyes inverosímiles e inconcebibles para nosotros, aunque para Dios sería siendo su universo...uff...me entran escalofríos. Podría ser verdad lo que dices Mary sobre Hume y la costumbre en lugar de la necesidad: ahora mismo este coche podría volar o nosotros convertirnos en hierbajos, o aparecer en formas inimaginables en diferentes universos, ahgg. Paro. Sigue conduciendo con cuidado.

ME VINO ESTA IDEA DE REPENTE MIENTRAS DISFRUTABA DE UNA RIQUÍSIMA TORTILLA CON CHORIZO DE LEÓN REGADA CON BUEN VINO DEL BIERZO

ME VINO ESTA IDEA DE REPENTE MIENTRAS DISFRUTABA DE UNA RIQUÍSIMA TORTILLA CON CHORIZO DE LEÓN REGADA CON BUEN VINO DEL BIERZO
La razón solo puede vivir lo que puede ser demostrable o evidente. Los ojos del alma ven y viven lo que no es demostrable ni evidente y en el mismo plano de existencia que lo evidente y lo demostrable de la razón.

martes, 28 de mayo de 2024

NEGARSKA CIRKAMUTA Y SU CUADERNO MALDITO: LA NOCHE DE INSOMNIO

Nadie es capaz de conocer a una persona en todo su ser. Nadie es capaz de conocerse a sí mismo en todo su ser. Nadie dispone de la capacidad representativa capaz de mostrar la infinitud en que nos hallamos sumidos. Nos conformamos con los lenguajes simbólicos de que disponemos: el lenguaje hablado y escrito, los lenguajes artísticos, la lógica y las matemáticas, los gestos, la música, etc., pero los lenguajes simbólicos forman una estructura en sí misma con sus propias posibilidades de expresión sometidas éstas a su sintaxis, a sus palabras activadas y reconocidas socialmente, a su orden discursivo, a sus posibilidades semánticas y semióticas. Toda expresión es ya reconocimiento social, interpretación posible para los demás; pero jamás ese lenguaje capta el infinito potencial de realidad que subyace bajo los símbolos, bajo las palabras, bajo las convenciones. Intenta abandonar el pensamiento y ahondar en los recovecos del mundo que se te presenta o en tu misma conciencia y sentirás mareos, vértigo, o una sensación de absoluto sin sentido que se abre a abismos incontrolables. ¡Wow!


Negarska Cirkamuta se dedicó a tal ejercicio una noche cuando el insomnio la corroía y llegaban las tres de la mañana y el correr del tiempo se convertía en pura agonía plena de obsesiones nocturnas. Entonces cerró el grifo del pensamiento por un momento, aguantó, y he ahí un mundo insólito de absoluta neutralidad y silencio, de sensaciones incatalogables e intratables, de flujos anárquicos en multitud de coloridos o paisajes indeterminados e inesplorados, sin posibilidad de cartografía alguna. Pudo mantener ese estado por unos segundos, hasta que de repente sintió un vértigo absorbente que la tragaba hacia una viscosidad torrencial ya en las profundidades de un "algo" cósmico tan inquietante como misterioso. Despertó hacia las diez de la mañana. Había dormido. No cabe duda que había dormido. Pero a qué precio. De todas maneras mejor esa posibilidad de viajar a las profundidades del absurdo que no vivir conscientemente los horrores de la vida terrestre, se dijo a ella misma. Una vez tomado el café se dio cuenta de lo que significaba la razón. Pero la razón era impotente ante lo que subyacía bajo su jurisdición. La vida en sí, la vida de las representaciones simbólicas, no era más que una barrera, un dique de contención, un filtro necesario para ser humanos y funcionar como humanos en un planeta. Sin tales filtros sería la locura más abyecta, o quizás la vuelta al paraíso de la inocencia.

jueves, 23 de mayo de 2024

MALTA. DOM MINTOFF

Cuando era adolescente me acuerdo de que un tal Dom Mintoff dominaba las noticias de entonces. También el Arzobispo Makarios de Chipre. Dom Mintoff había sido el artífice de la independencia de Malta. No había día que Dom Mintoff no apareciera en primera línea de noticias junto con el asunto chipriota y Makarios. De ahí que Malta en los primeros sesenta del pasado siglo adquiriera preminencia y se nos quedare adherida a una memoria de juventud. Para más datos mirad la Wikipedia.
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Rubén Darío Andrés Diaz, Emilio Lospitao y 9 personas más

(SAN) PABLO EN MALTA

Hay en Malta varias iglesias y capillas que celebran el acontecimiento relatado por Hechos de los Apóstoles sobre el naufragio de Pablo en Malta (Melita en aquel tiempo), cuando Pablo era siendo llevado prisionero para ser juzgado en Roma ante el César (recordad que Pablo era ciudadano romano). Los cargos contra él yo nunca los tuve claros, y la verdad leyendo Hechos no acaba uno de saber cuáles son esas acusaciones tan graves. Eso sí, parece ser que provenía del odio de los principales judíos hacia él. Pero no tenemos la otra versión por parte de esos "malos judíos" que lo quieren matar y lo persiguen con saña.
También el hecho de este naufragio se utiliza como reclamo turístico religioso. He aquí lo que Hechos 27-28 dice al respecto:
HECHOS 27:41-44
41 Pero tropezaron contra un lugar con mar por ambos lados, y encallaron allí la nave; la proa clavada, quedó inmóvil; en cambio la popa, sacudida violentamente, se iba deshaciendo.
42 Los soldados entonces resolvieron matar a los presos, no fuera que alguno se escapase a nado;
43 pero el centurión, que quería salvar a Pablo, se opuso a su designio y dio orden de que los que supieran nadar se arrojasen los primeros al agua y ganasen la orilla;
44 y los demás saliesen unos sobre tablones, otros sobre los despojos de la nave. De esta forma todos llegamos a tierra sanos y salvos.
HECHOS 28:1-11
1 Una vez a salvo, supimos que la isla se llamaba Malta.
2 Los nativos nos mostraron una humanidad poco común; encendieron una hoguera a causa de la lluvia que caía y del frío, y nos acogieron a todos.
3 Pablo había reunido una brazada de ramas secas; al ponerla sobre la hoguera, una víbora que salía huyendo del calor, hizo presa en su mano.
4 Los nativos, cuando vieron el animal colgado de su mano, se dijeron unos a otros: «Este hombre es seguramente un asesino; ha escapado del mar, pero la justicia divina no le deja vivir.»
5 Pero él sacudió el animal sobre el fuego y no sufrió daño alguno.
6 Ellos estaban esperando que se hincharía o que caería muerto de repente; pero después de esperar largo tiempo y viendo que no le ocurría nada anormal, cambiaron de parecer y empezaron a decir que era un dios.
7 En las cercanías de aquel lugar tenía unas propiedades el principal de la isla llamado Publio, quien nos recibió y nos dio amablemente hospedaje durante tres días.
8 Precisamente el padre de Publio se hallaba en cama atacado de fiebres y disentería. Pablo entró a verle, hizo oración, le impuso las manos y le curó.
9 Después de este suceso los otros enfermos de la isla acudieron y fueron curados.
10 Tuvieron para con nosotros toda suerte de consideraciones y a nuestra partida nos proveyeron de lo necesario.
11 Transcurridos tres meses nos hicimos a la mar en una nave alejandrina que había invernado en la isla y llevaba por enseña los Dióscuros.
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Efrén d'Andrés, Rubén Darío Andrés Diaz y 7 personas más