Cuando llegué a la vieja casa de Biesmar, llamé a la puerta y allí estaba el
Reverendo Calvin Hervaux recibiéndome. Hacía tiempo que había perdido contacto con el viejo reverendo; pero yo le seguía respetando y necesitando. Nadie como él para aventurarse en los inagotables significados de la Biblia. Nadie como él para adentrase sin miedo en los insondables barrancos, precipicios, cumbres, valles profundos, cielos e infiernos del alma humana. Su mujer nos preparó unos cafés con bizcocho y pronto pudimos enfrascarnos en aventuradas especulaciones. El pastor Hervaux se iba transformando a medida que su especulación profundizaba en lo insondable. Yo empezaba a vivir la Biblia como una puerta a latitudes inconmensurables....Y comenzó:
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"El protestantismo hace bien en situar al hombre en la esencia misma del pecado debido a su caída del Edén promovida por su desobediencia al mismo D-ós. Pero una desobediencia que haya podido desafiar al mismo Todopoderoso es en sí la esencia misma del Mal, del Sacrilegio, de la Blasfemia; una Monstruosidad sin límites. Una criatura que confronta al mismo D-ós con su desobediencia nunca podrá pagar lo inconmensurable por su pecado. ¿Qué impulso guió a esta criatura para atreverse a tal Maldición Suprema? ¿Cómo pudo concebirse en el hombre tal Horror?
"Imposible que algo tan blasfemo y sacrílego haya podido salir de una criatura creada por el mismo Todopoderoso. Jamás Adonai pudo haber creado una criatura con esa potencia hacia el Mal Absoluto, pero la Torá nos dice que así fue: "Entonces Jehová dios dijo a la mujer: "¿Qué es lo que has hecho?" Y dijo la mujer: la serpiente me engañó, y comí" (Gn 3:13). ¿La serpiente? ¿Qué hacía ahí la serpiente? Alguien o algo más llevaba la semilla del mal consigo y pudo entrar en el mismo Jardín del Edén para expandir sus efectos. ¿En el mismo territorio de D-ós reservado para sus criaturas? ¿Cómo fue esto posible? ¿De dónde procede el Mal? ¿Cómo puede tener esa capacidad de desafiar al mismo Adonai? Esto nos sobrecoge.
Todo esto es terrible. Espantoso. Cuando uno se da cuenta de la magnitud de los hechos del Edén no puede más que temer el poder del Mal que sobrepasa todo entendimiento y hasta nos hace blasfemar a nosotros mismos del Todopoderoso por haber permitido tal protagonismo del Mal, de la Serpiente (perdón Señor por este atrevimiento). Las teologías frivolizan con estas leyendas tan antiguas. Las religiones han domesticado este horror cósmico y cataclísmico que inaugura la Historia. Lo han hecho doctrina, dogma, leyenda, simbolismo, mito; en otras palabras: lo han alejado de su misma esencia maligna; lo han hecho literatura; arte; Milton, Blake ...
Pero hay que retornar de nuevo al Edén y ver qué es lo que allí sucedió de veras siguiendo las palabras, las frases, las oraciones. Y descubrimos el Horror de la desobediencia más Blasfema y Sacrílega. Comienza la Historia.
"Pero nos queda la incógnita de la Serpiente. Sigamos el Hilo Cósmico de la Serpiente. Su procedencia. ¿Otra criatura de D-ós? ¿Leviatán? ¿Una sombra del mismo Todopoderoso? ¿Un horror contenido en las mismas entrañas de la Divinidad? (Adonai me perdone por llegar a pensar estas blasfemias) ¿Qué ES y habita en las mismas entrañas de la Divinidad?
¿Por qué era necesaria la Historia?"
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No acabó ahí la especulación. Por un momento quedamos en silencio, pero el Reverendo siguió y todo lo que decía era fascinante.... (continua en los comentarios de abajo).
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viernes, 30 de mayo de 2014
lunes, 26 de mayo de 2014
DICEN QUE ALGUIEN X HA LLEGADO A TIERRA DE TODOS
DICEN QUE ALGUIEN X HA LLEGADO A TIERRA DE TODOS
Dicen que Alguien X ha llegado a Tierra de Todos
Pero es una tierra muy lejana, a la que no se llega en coche, tampoco en tren, ni en avión
Tampoco es cuestión de "colocarse" con la mierda de ocasión. Wrong way.
Me temo que tiene algo que ver con intensas sensaciones
Que Alguien X ha decidido obedecer hasta el final
Dicen unos pocos --y en silencio-- que la tierra de todos existe, pero está más allá de toda normal disposición
Alguien X ansiaba; ansiaba llegar aún después de atravesar el bosque de las mil confusiones con sus aves de colores y sus miedos y terrores
O el desierto Antadis de la arena infinita, sin rastro ni rostro que seguir.
O las 100 ciudades de Khantar con sus retorcidas calles y las noches de extravío iluminadas por las tenues luces de un mundo que se apaga.
Ansiaba, ansiaba llegar más allá de todo lo que ciega y confunde.
Romper con los límites de las costumbres y las leyes y los espejismos, para llegar a su centro, a su corazón, a su esencia.
--Ha de haber algún punto de encuentro común a esta maltrecha humanidad o si no todos acabaremos en el reino del infierno--pensaba él en su soledad.
--Y si todo gira desde ese punto y lo podemos divisar
Entonces he ahí la claridad de un orden inmortal
He ahí la tierra de todos.
Dicen que Alguien X ha llegado a Tierra de Todos
Pero es una tierra muy lejana, a la que no se llega en coche, tampoco en tren, ni en avión
Tampoco es cuestión de "colocarse" con la mierda de ocasión. Wrong way.
Me temo que tiene algo que ver con intensas sensaciones
Que Alguien X ha decidido obedecer hasta el final
Dicen unos pocos --y en silencio-- que la tierra de todos existe, pero está más allá de toda normal disposición
Alguien X ansiaba; ansiaba llegar aún después de atravesar el bosque de las mil confusiones con sus aves de colores y sus miedos y terrores
O el desierto Antadis de la arena infinita, sin rastro ni rostro que seguir.
O las 100 ciudades de Khantar con sus retorcidas calles y las noches de extravío iluminadas por las tenues luces de un mundo que se apaga.
Ansiaba, ansiaba llegar más allá de todo lo que ciega y confunde.
Romper con los límites de las costumbres y las leyes y los espejismos, para llegar a su centro, a su corazón, a su esencia.
--Ha de haber algún punto de encuentro común a esta maltrecha humanidad o si no todos acabaremos en el reino del infierno--pensaba él en su soledad.
--Y si todo gira desde ese punto y lo podemos divisar
Entonces he ahí la claridad de un orden inmortal
He ahí la tierra de todos.
viernes, 9 de mayo de 2014
UN GATO LLAMADO PACO
Hubo un gato que se llamó Paco. Llegó un día de los años 80 a nuestro apartamento de Harlingen, cuando vivíamos en el Rio Grande Valley al Sur de Texas ya cerca de la frontera con México. Paco llegó malherido, con el cuello atravesado por un alambre o bramante y el rabo completamente deshilachado; como si hubieran intentado torturarle,
ahogarle o deshacerse de él de cualquier modo horroroso. La primera vez que abrimos la puerta y le vimos salió como asustado y se escondió tras unos setos que rodeaban la piscina. Quedamos un poco sorprendidos Robbie y yo al ver aquel gato tan dañado. Nos parecía un gato de raza, no me digan cual, por su pelo tan elegante, por sus facciones. Parecía haber sido un gato que había vivido bien hasta entonces. Quizás luego se escapó y comenzó a vivir una vida de alto riesgo; o quizás los mismos dueños se quisieron deshacer de él. Nunca lo podremos saber.
ahogarle o deshacerse de él de cualquier modo horroroso. La primera vez que abrimos la puerta y le vimos salió como asustado y se escondió tras unos setos que rodeaban la piscina. Quedamos un poco sorprendidos Robbie y yo al ver aquel gato tan dañado. Nos parecía un gato de raza, no me digan cual, por su pelo tan elegante, por sus facciones. Parecía haber sido un gato que había vivido bien hasta entonces. Quizás luego se escapó y comenzó a vivir una vida de alto riesgo; o quizás los mismos dueños se quisieron deshacer de él. Nunca lo podremos saber.
Al segundo día Paco se quedó allí al lado nuestro cuando abrimos la puerta por la mañana temprano. Nos dio mucha pena de él. Aquella mirada era la de un animal que estaba pidiendo compasión y dignidad al mismo tiempo. La mirada de Paco era una mirada directa, inteligente; era un gato que a pesar de su estado intentaba dar una imagen de cierta altivez. El caso es que lo dejamos pasar a casa, y pronto nos dimos cuenta que sus heridas eran serias, así que aquella misma tarde lo llevamos al veterinario. Le cosieron el cuello, le tuvieron que cortar el rabo y después de unas dosis de antibióticos Paco ya estaba como un rey. De hecho pasó a ser el rey de la casa. Era un gato muy despierto, siempre atento a lo que sus amos hacían; siempre dispuesto a acompañarnos como si fuera un perro. Paco no era gato de estar en casa; cuando quería salir avisaba y se pasaba horas fuera; cuando llegaba el momento llamaba a la puerta o se subía a una ventana y rascaba la pantalla mosquitera. Solía dormir en casa y a veces lo hacía al pie de la cama. Por la mañana era normal que se arrimara a mi cara medio dormida y me mirara con aquellos ojazos como diciendo: “Qué, compadre; ya es hora de levantarse.” Me tocaba la cara con la pata y luego se dejaba acariciar con gusto y agradecimiento. Entre él y yo había verdadera empatía. Nos habíamos llegado a entender.
Cuando llegaba del trabajo después de enseñar en el Santa Rosa High School Paco estaba allí para subirse rápidamente a mis rodillas sentados en el sofá y los dos escuchar algo de música. Por la noche cuando iba a dar un paseo solitario por los alrededores de los apartamentos y cerca del Hospital General de Valle del Río Grande, Paco venía conmigo como si fuera mi amigo. Siempre recuerdo esa su mirada despierta, esa disposición a ser cómplice de nuestra vida con expresiones de contento, de cariño; pero al mismo tiempo la mirada clara, inteligente; una mirada que expresaba dignidad felina. Paco era una criatura que daba más vida a nuestra vida. Un gato que nos había enseñado ese lado de feliz inocencia animal que los humanos parece que hemos perdido o quizás nunca tuvimos. Cuando llegábamos a casa ya esperábamos a Paco en algún momento, como si fuera un crío en la familia.
Pero todo llega a su fin. Decidimos entonces ir a trabajar a un colegio bilingüe de Madrid y Robbie y yo dejamos de trabajar para el Santa Rosa Independent School District aquel verano. Robbie se había adelantado a hacer un curso en Madrid de español patrocinado por el Ministerio de Asuntos Exteriores y yo quedé con Paco una semana más en el apartamento haciendo los planes de traslado. Fue una de las semanas más tristes de mi vida. Paco intuía que algo había dejado de ser lo mismo. Que algo estaba pasando que acabaría con esa vida tan hermosa para él. Yo le tenía que llevar a Houston a casa de mis suegros en Pasadena. Paco se quedaría allí con ellos. Pero cuando llegó el momento de darle la pastilla que lo atontara y meterlo en el coche y conducir hasta Houston sentía que mi alma se llenaba de tristeza. Fue un
viaje triste, muy triste. No acababa de comprender por qué un gato había sido capaz de ganarse mis afectos más profundos; pero Paco lo había hecho y ahora estaba allí con los ojos medio cerrados esperando un abandono seguro que para él sería otra nueva vida llena de aventuras gatunas.
viaje triste, muy triste. No acababa de comprender por qué un gato había sido capaz de ganarse mis afectos más profundos; pero Paco lo había hecho y ahora estaba allí con los ojos medio cerrados esperando un abandono seguro que para él sería otra nueva vida llena de aventuras gatunas.
Me enteré unos dos años después cuando un día pregunté por él desde Washington a mi suegra por teléfono que qué tal Paco; ella me respondió con tristeza. A Paco lo había atropellado un coche en la misma calle donde vivían y por el acento de su voz comprendí que nuestro gato también había ganado sus corazones. A veces la vida nos hace ver esos momentos de profunda nobleza y amor que pueden sellar una amistad inocente, de mirada sencilla a las cosas. Paco fue un regalo que nos llegó de la forma más inesperada y se había ido también de la manera menos esperada. Sirva esta sencilla historia de homenaje a Paco, el gato que un día llamó a nuestra puerta.
domingo, 20 de abril de 2014
EL HOMÍNIDO CHARBOT Y LAS SEÑORAS
Ya viene el
homínido Charbot con su termo de café agarrado por el asa con la mano
izquierda, pues en la derecha lleva el maletín de trabajo. Va trajeado. Es alto,
delgado y cara morena también delgada. Su tonalidad general podemos decir que
es agradable. Un hombre agradable; un homínido bien evolucionado. Su cuerpo
animal va perfectamente cubierto de acuerdo a las normas de la civilización
occidental. Es un buen traje el que lo cubre y el traje es azul. Siempre usa
trajes de color azul oscuro. Raudo y disciplinado, impecablemente puntual se
mete en la oficina de personal, pues es el Jefe de Personal de la empresa. ¿La
empresa? Sí. Es una empresa de ventas al por menor en un centro comercial de
Texas. De una ciudad de Texas. De una agradable ciudad de Texas que no
corresponde a ninguna ciudad concreta. Me he impuesto a mí mismo inventarme una
ciudad en Texas. Vamos a llamar la empresa Twinkle, Twinkle. Sí, así como
suena: TWINKLE, TWINKLE.
Y el
homínido Charbot ya está sentado en tras la mesa de despacho con sus papeles y
llamadas de teléfono y entrevistas pendientes y primeros sorbos de café del
termo que echa a una mug, o taza decorada con los colores del equipo local de
fútbol y el nombre con su animal totémico. Mr. Charbot es un hombre muy activo,
muy dinámico; aparentemente agradable, pero es una amabilidad que encubre una
esencia de rigidez y seriedad que se descubre al poco tiempo de tratar con él.
Es un hombre de trabajo duro y disciplinado, pero siempre sonriente; siempre
amable con sus dos empleadas que habitan un par de mesas en la zona abierta al
público y a la que se entra a través de unas puertas batientes. Las dos
empleadas son dos mujeres de mediana edad. Una es morena y bien proporcionada
de cuerpo; digamos que algo rellenita, pero de carnes tersas y bien
distribuidas por un cuerpo que sigue siendo goloso para los hombres que la
contemplan. Una madurez bien llevada; una madurez sexy de mujer de gestos
bondadosos y personalidad ya centrada. Al menos eso es lo que uno se puede
figurar. Digamos que nos gusta esa mujer por todo lo que ella es. Cuando te
atiende se puede ver que es una buena mujer en todos los sentidos. Hay este
tipo de personas, o de homínidos, que son buenos, equilibrados; que dan buenas
vibraciones desde el principio.
Pero no se
puede decir lo mismo de la otra mujer. Es rubia, delgada; de piernas ya
gastadas y algo desordenadas al andar. Se trasluce tras sus pantalones oscuros
unas piernas cansadas de la vida. Unas piernas que ya han dado de sí todo lo
que han podido y que ahora se resignan a entrar en mayoría de edad. Caminan
tales piernas como si les diera igual todo. Si pudieran hablar dirían: “Nos da
igual todo, folks”. Así que son piernas que ya hace mucho han dejado de
pretender llamar la atención de ningún macho. Son piernas simplemente
utilitarias; de transporte que llevan de un
sitio a otro y mientras funcionen bien pues démonos por contentos. Pero esta señora rubia tiene un algo que parece estar siempre a la defensiva. No es que sea huraña al público o a sus compañeros de coffee break o a sus hijos. No. No lo es. Pero hay un trasfondo de miedo e inseguridad que lo trasmite a cualquiera que la trate más allá de los minutos preliminares de protocolo burocrático. Hay un miedo que se trasmite a través de gestos que piden comprensión a toda costa, pero que no logra darse a entender de forma clara. No, no es que sea mala profesional. Yo diría que es buena profesional. Impecable. Pero es ese gesto facial, ese movimiento de nerviosismo involuntario; esa forma de hablar que sabes que hay un algo en el trasfondo de la señora que pide ser calmado, comprendido; que necesita abertura, aire fresco; help; un help ya resignado. Dejémoslo ahí por ahora.
(Pincha en comentarios para seguir leyendo)
sitio a otro y mientras funcionen bien pues démonos por contentos. Pero esta señora rubia tiene un algo que parece estar siempre a la defensiva. No es que sea huraña al público o a sus compañeros de coffee break o a sus hijos. No. No lo es. Pero hay un trasfondo de miedo e inseguridad que lo trasmite a cualquiera que la trate más allá de los minutos preliminares de protocolo burocrático. Hay un miedo que se trasmite a través de gestos que piden comprensión a toda costa, pero que no logra darse a entender de forma clara. No, no es que sea mala profesional. Yo diría que es buena profesional. Impecable. Pero es ese gesto facial, ese movimiento de nerviosismo involuntario; esa forma de hablar que sabes que hay un algo en el trasfondo de la señora que pide ser calmado, comprendido; que necesita abertura, aire fresco; help; un help ya resignado. Dejémoslo ahí por ahora.
(Pincha en comentarios para seguir leyendo)
miércoles, 19 de marzo de 2014
ES VERDAD QUE ESTAMOS EN GUERRA
Estaba tomando un vaso de vino. El señor que estaba a mi
lado me dijo que la televisión estaba muy alta. Yo le dije que no me importaba.
El señor le dijo a la camarera que la televisión estaba muy alta. La camarera
bajó el sonido de la televisión. Yo seguí bebiendo mi vaso de vino. Afuera
había una pandilla de chavales pegándose. No sé por qué se pegaban, pero se
daban muy fuerte. Tampoco me importaba. Tan sólo me importaba beber mi vino.
Una señora que estaba sentada leyendo el periódico y tomando un café comenzó a
gritar algo así como “Viva la puñeta”. Presté más
atención y efectivamente estaba gritando: “Viva la puñeta”. Yo seguía bebiendo mi vaso de vino y de vez en cuando comía unos cacahuetes. En la televisión había dos payasos riéndose de alguien. No distinguía bien de qué se reían. Los chavales afuera seguían pegándose de lo lindo. La gente los miraba. Había quien estaba apostando por quien quedaría en pie. El dueño del bar apareció detrás del mostrador muy enfadado y pegó un puñetazo sobre el mismo que hizo saltar mi vaso de vino. Yo me quedé mirándole con cara memo. No entendía por qué ese señor estaba tan enfadado. Tampoco parecía que lo iba a decir. Suerte que en la mesa del fondo alguien se puso a tocar la guitarra.
atención y efectivamente estaba gritando: “Viva la puñeta”. Yo seguía bebiendo mi vaso de vino y de vez en cuando comía unos cacahuetes. En la televisión había dos payasos riéndose de alguien. No distinguía bien de qué se reían. Los chavales afuera seguían pegándose de lo lindo. La gente los miraba. Había quien estaba apostando por quien quedaría en pie. El dueño del bar apareció detrás del mostrador muy enfadado y pegó un puñetazo sobre el mismo que hizo saltar mi vaso de vino. Yo me quedé mirándole con cara memo. No entendía por qué ese señor estaba tan enfadado. Tampoco parecía que lo iba a decir. Suerte que en la mesa del fondo alguien se puso a tocar la guitarra.
Fue en ese momento cuando nos anunciaron la llegada de un
comando militar. El comando tomó el bar y nos amenazaron con fusiles
ametralladores de último modelo. Querían saber dónde estaba el espía. Yo seguía
tomando mi vaso de vino y crují un cacahuete. El teniente de aquel comando se
acercó a mí y se me quedó mirando. Yo también me quedé mirándole. ¡Jodalpito!
Era Mandrinágoras de Pergaminos mi vecino de puerta cuando vivía en el barrio
de Justamares. Hola, me dijo Hola dos veces y se abrazó a mí. No comprendía lo
que estaba pasando. Yo le dije que qué tal estaba y que hacía mucho tiempo que
no le veía pero que me alegraba de verle, aunque nunca había sabido que era
militar de graduación. Luego se puso serio y me preguntó: “¿No serás tú el
espía, verdad?” Yo le dije que of course no y que no sospechaba que hubiera un
espía en el bar. Ese era un bar de barrio y la gente era más bien currante.
Gente sencilla de barrio que venía al bar a tomar una cerveza y ver un partido
de fútbol. Le invité a tomar un vino, pero me dijo que no, que estaba de
servicio para la Patria. Y dicho esto el comando se fue con su teniente y sus
fusiles ametralladores. Afuera seguían los chavales dándose puñetazos y varios
vecinos seguían apostando a ver quién habría de ganar.
Por fin acabé mi vaso de vino y salí del bar. Pero antes de
abrir la puerta el dueño del bar me cogió y me espetó su cara sudada contra la
mía. El aliento que despedía era atroz. Me dijo que ya sabía quién era yo y que
si seguía teniendo las ideas equivocadas, él se encargaría de ponérmelas en su
justo sitio. Yo le dije que tenía prisa y que gracias por el excelente vaso de
vino que me habían servido en su bar y que ya había pagado con antelación.
Entonces me dijo que perdonara que él llevaba tiempo confundiendo a las
personas y que quizás me había tomado por otro al que odiaba con mucha gana. Yo
le respondí que era nuevo en el barrio pero que ya había tomado más vasos de
vino en su bar y que tenía que conocerme. Ah, sí, dijo él golpeándose la cabeza
tres veces. Es usted. ¿Le dije alguna vez que mi mujer trabaja para los
servicios secretos de nuestro país enemigo? Pues no, le dije yo. Pues ahora ya
lo sabe. Me dijo él. Bueno, pues ya lo sé, muchas gracias por informarme, dije
yo.
Salí del bar y me fui para casa. Los chavales seguían
dándose de lo lindo. Una señora estaba meando cerca de un portal. A lo lejos se
oían tiros, disparos, ráfagas. Me di cuenta que estábamos en guerra contra
algún país y que nos invadían por todas partes. Pero la verdad, estaba muy
cansado y me fui a casa a leer y a dormir. Mañana sería otro día.
lunes, 3 de febrero de 2014
ESTE EXTRAÑO MUNDO
Abrí la puerta de casa y me enfrenté a las escaleras metálicas
exteriores que subían a los primeros pisos de aquel bloque de cuatro
apartamentos. Subiendo las escaleras se podía
llegar al apartamento de Ken y su
china Nyo-Lu. Ken era un pedazo de hombre de 1, 90 m y su mujer era pequeñita
y redondita. Ken era hijo de un granjero de Montana de origen sueco y ella era
hija de unos comerciantes de Hong-Kong. Ken estaba haciendo su doctorado en
ingeniería química y ella en biblioteconomía. Años más tarde ellos se irían a
vivir a Washington y nosotros también acabamos en Washington por circunstancias
de la vida. La última vez que estuvimos con ellos fue en el año 1997. Llegamos
en avión al Dulles International Airport desde Madrid. Nyo-Lu nos esperaba en
la sala de llegadas. Pronto alquilamos un coche y seguimos el coche de Nyo
hasta llegar a su casa adosada de Fairfax. Allí estaban su hija Elsa la mayor y
la pequeña Ruth. Jim había hecho la cena. La casa estaba llena de adornos
variados, entre ellos pequeñas figurillas de porcelana sobre mil motivos.
En el CD sonaba un blues y Ken me ofreció una cerveza. Vimos
un mapa de China adosado a la pared con algunas zonas marcadas con rotuladores.
En algún momento de la comida pregunté qué eran aquellas zonas marcadas en el
mapa. Nyo me respondió que eran zonas de misiones católicas. Quizás fue ahí cuando
nos explicaron la conversión de Ken al catolicismo. Nyo-Lu ya era fuertemente
católica cuando conoció a Ken; de hecho se había educado en un colegio de
monjas de Hong-Kong. Ken era más bien agnóstico aunque de niño había sido
educado en la iglesia luterana. Recuerdo años atrás cómo Ken, mientras
tomábamos
cerveza en su apartamento de Springfield, se mostraba indiferente a las muestras
de religiosidad de su mujer. A veces bromeaba con la fe religiosa en general y
se lo pasaba bien con los escándalos de los tele-evangelistas Jimmy Baker y
Jimmy Swaggart. Pero esta vez ya no era así: Ken se declaraba abiertamente católico
y su sentir religioso era profundamente serio. Todo había sucedido de la
siguiente manera:
Dos o tres años atrás habían hecho una visita a Miami y en
una zona de Miami había un edificio de banco cuya fachada estaba cubierta de
cristal oscuro. En algunos momentos del día se podía ver reflejada una cara que
mucha gente creía era la cara de Jesús y por tanto aquella fachada de banco se
había convertido en un sitio de peregrinación. Ken y Nyo-Lu fueron a ver dicho
sitio y algo fuerte tuvo que pasar para que a partir de ese momento Ken se
hiciera un católico ferviente y sincero. Experimentó una epifanía y posterior
conversión. Así nos lo explicaban mientras cenábamos y el mapa de China dejaba
ver sus zonas misioneras católicas.
EL PARAISO PERDIDO
Despiertas. Ves la habitación todavía bajo los efectos del
último sueño que has tenido. Por unos instantes la realidad se percibe como
cuando uno era niño. La luz del sol entra a raudales por la cristalera y hace
que todos los objetos aparezcan con intensa alegría. Miró hacia fuera y veo los
árboles en su misma frescura e
inocencia. Las ardillas saltan de un lado a
otro. Una de ellas se para y mira hacia donde estoy. ¿Qué verá esa ardilla?
¿Cómo me verá esa ardilla? El cielo está azul. La hierba está todavía cubierta
por el rocío. No tengo prisa para nada; y, por tanto me quedo sentado en el sofá
relajado. Han sido momentos de pura inmanencia en la vida. Y cuando la vida se
vive en esa pura inmanencia todo se ve como una fresca inocencia. Pero un
simple darse cuenta de situación de excepcionalidad que se vive destruye la
inmanencia y nos adentramos en el mundo de las preocupaciones. Tengo pendiente
un trabajo para la clase de sociología. Hay que limpiar la casa. El coche tiene
una avería que hay reparar. R. me recuerda que sus padres vienen a visitarnos el
jueves. Me levanto del sofá y me doy cuenta que hay que ducharse y vestirse. Todas
esas preocupaciones son también la inmediatez de la vida, pero con una
diferencia: actuamos siendo conscientes de que actuamos. El reino de la
inocencia y la nobleza desaparece para dar entrada al mundo que te obliga a
vivir y a sentir lo que vives. La existencia es como una deuda permanente que
has de ir pagando hasta la muerte. Nos está prohibido vivir en el paraíso de la
pura inmanencia. Somos seres caídos que a veces, como pequeños fogonazos,
vislumbramos la posibilidad de la inocencia y la nobleza.
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