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miércoles, 4 de septiembre de 2013

AQUELLOS QUE AMAN SU OFICIO Y LES ES DE BENEFICIO


Cuando voy a tomar una cerveza al bar de la esquina o a otro sitio del barrio, una de las cosas que más me
gusta es coincidir con alguien que te empieza a hablar de su profesión o de sus hobbies. Recuerdo con agrado la conversación con un vecino que me contó cómo años atrás fabricaba muebles de encargo. Me describía su taller en una casa de las afueras de la ciudad con todo detalle, sus máquinas, sus herramientas, sus pinturas, barnices, disolventes; tipos de maderas y de dónde procedían. Luego se ensimismó describiendo el proceso de fabricación de los muebles, las ideas de las que partía, los planos, etc… Aquel hombre trabajaba sólo, una vez muerto su padre, y vivía su profesión con amor, como un arte. Se le veía un hombre satisfecho pues dicen que aquellos que disfrutan de su trabajo ya tienen el 80% de felicidad asegurada. Fue una experiencia muy interesante que además sirvió para hacer una buena amistad. Otro día fue un soldador quien entre culín y culín de sidra en una sidrería cercana me explicó su labor como obrero de montajes. Lo interesante no sólo eran los viajes a otros países y cómo los describía a través de su experiencia; sino el trabajo en sí, de colocación de vigas, de fijación de estructuras metálicas a bastante altura; de corte de material de acero de acuerdo a los planos; el tipo de electrodo y soldadura utilizado, etc., etc. Pasamos dos horas hablando sin enterarme del paso del tiempo. Desfilaron personajes, jefes buenos y malos; días peligrosos para trabajar y otros relatos.

El fútbol suele ser también entretenido cuando topas con alguien que realmente entiende de este deporte. Tengo la suerte de acudir a una tertulia donde uno de los tertulianos sabe de fútbol, conoce las técnicas, entiende de las dinámicas económicas-financieras que mueven este deporte; y, cuando se pone a hablar sobre los partidos del fin de semana es todo un erudito en estrategias de juego, estilos de los jugadores, errores o aciertos de los entrenadores, etc. Es un placer estético oírle hablar y con ello el tiempo pasa de forma agradable. En general me gusta hablar con la gente que siente pasión por alguna destreza, por su oficio, por su afición, por su espacio de tiempo entregado a algo donde él o ella pueden ser dueños de sí mismo; proyectarse en sí mismos en libertad. En realidad nadie debería estar en ningún sitio donde no debería estar; nadie debería de aceptar ese sitio que otros diseñan para él o ella. Pero la vida no ofrece siempre está posibilidad y muchos se mueven en oficios que no desean, que a veces odian; que la necesidad les fuerza a aceptar. De eso también se oye mucho en los foros de los bares y sidrerías del barrio.

miércoles, 28 de agosto de 2013

SIEMPRE HABRÁ ALGO QUE NOS SORPRENDA EN LA VIDA

En mil novecientos sesenta y siete fuimos de excursión un grupo de amigos de Gijón al monte por la zona de Campu Casu. Paramos en una aldea abandonada a comer. A lo lejos de la aldea vimos una cabaña grande y en ella parecía vivir gente. Después de comer nos dirigimos a dicha cabaña por un camino. Al llegar fuimos recibidos por unas cuatro parejas de jóvenes más o menos de nuestra edad. Nos recibieron con alegría y efusión. Nos invitaron a visitar unas cuevas cercanas y luego compartieron la
merienda con nosotros. 
Hablaron de todo un poco, pero hubo algo que nos dijeron que nos cambió para siempre. Nos pasó el tiempo muy rápido, ya que luego supimos que habíamos llegado a estar tres días. Nuestras familias ya habían dado parte a las autoridades para saber qué nos había pasado. Hemos de considerar que el monte por esta zona puede llegar a ser peligroso por su frondosidad y barrancos.

Todos quedamos sorprendidos con aquella experiencia, pero nuestra sorpresa y sentido del misterio aumentó cuando supimos que nadie en las aldeas cercanas asegura haber visto a nadie en tal cabaña durante el tiempo que habíamos estado nosotros. Tampoco, ni antes ni después; según un vecino de la zona que aseguraba la cabaña estaba en el camino que él seguía para cuidar su ganado que pastaba en una braña no muy lejos de allí. Además no había restos ni señales de que alguien hubiese habitado tal cabaña, que por otra parte estaba ya abandonada y en ruinas. Ni menos ninguna cueva cercana.

En definitiva, nunca más supimos de aquellas parejas de jóvenes que habitaron la cabaña en aquellos días, pero todos nosotros recordábamos cosas agradables bajo un sol reluciente, caminando por las orillas de los arroyos y escuchando los relatos en forma de leyendas que aquellos jóvenes nos contaban. Efectivamente, habíamos vivido todo aquello como un sueño.  Lo que sí llegó a ser común a todos los que vivimos esa experiencia es que todavía vemos en nuestros sueños las cuevas que nos llevaron a visitar en las primeras horas de la visita a dicha cabaña. 

http://www.youtube.com/watch?v=0V8FLjkpd00 

EL COLEGIO ABANDONADO

Miré el colegio. El colegio había sido cerrado hacía años. Hacía sol y algo de calor y me llamó la atención el colegio cerrado. Al ver las persianas cerradas y el patio vacío me entró una extraña nostalgia. Tras de las persianas estaban las aulas, unas aulas, donde muchas cosas habían pasado. Me veía sentado en un pupitre mirando a una profesora de historia de unos cuarenta años y muy bonita de piernas. Estaba explicando la lección de Felipe II. También mis compañeros prestaban atención. Entraba la luz de la primavera por las ventanas. Era la última clase y ya teníamos ganas de salir. El colegio bullía de vida. Nos conocíamos muchos y ya habíamos vivido muchas anécdotas y juegos, y excursiones y aventuras; y travesuras. Algunos ya
éramos como hermanos, otros muy buenos amigos; otros algo más distanciados. El colegio era nuestro centro de encuentro. Nuestros profesores eran mundos particulares con sus modos de presentar la vida. Cada profesor marcaba estilo y vibraciones peculiares que quedaban grabadas en nuestras mentes como parte de una forma de vida que nos inspiraba confianza. Que jamás iba a desaparecer. Nos haríamos mayores, pero jamás habría de desaparecer la confianza en la vida allí vivida. El colegio siempre estaría allí recordándonos que en la vida hay siempre gente que se preocupa por tí. Una gran familia posiblemente.

No era mi colegio porque yo no había pasado la infancia en aquel pueblo, pero ese colegio cerrado me estaba diciendo muchas cosas; las aulas cerradas me presentaban escenas como pompas de jabón que van flotando en el aire de un recuerdo colectivo, común a toda la humanidad posiblemente. El patio me mostraba sus cientos de alumnos allí jugando y contando cosas y esos pequeños que luego pasarían de curso y se harían mayores y todos con sus relatos y familias y experiencias. También la vuelta a casa los días de lluvia y frío para luego llegar a casa y allí estaba mi madre preparando ya la mesa.

Hay fantasmas que quedan en los colegios cerrados y abandonados. Cada aula es un calidoscopio de fantasmas con ganas de salir y contar su historia. Cada aula y cada sala guarda todas las escenas vividas y cuando alguien como yo pasa por allí, entonces saben quien les va a revivir, a rememorar, a recrear. Y yo pasaba por allí y lo he vivido y sentido. Mi paseo quedó entonces transfigurado en otra cosa lejana, nostálgica; algo así como una gran pompa de jabón flotando a través un infinito universo. ¡Qué rara es la vida!

lunes, 8 de julio de 2013

UN DÍA AL BORDE DE LAS GRANDES PRADERAS DEL GRAN ESPÍRITU


En Pedernales Falls estuvo cerca de la muerte cuando, sentado en un flotador de cámara rueda de coche, se dejó llevar por la corriente del río que formaba una
bajada rápida . Había bastante gente bañándose, no estaba solo; pero la llegar al final de la corriente, esta acababa en caida libre por unos instantes y después de la caida se vio atrapado por fuertes remolinos de agua que no le dejaban salir a flote. No podía salir y tampoco hacía pie. Le faltaba el aire y la angustia era suprema. Se sentía al final de su resistencia. Pero por algún rebote o corriente, pudo salir en el último instante. Se vio envuelto en un arrebato de angustia desesperada pues todavía no podía hacer pie y las aguas se movían con fuerza. Nadó como pudo y por fin pudo hacer pie en un roca aunque de mala manera. Alguien lo vino a auxiliar en ese momento. No había pasado desapercibido su trágico final de caida en Pedernal Falls; a unos 80 kilómetros de Austin en dirección a Fredericksburg.

Era un día de verano texano: un día claro, despejado, de aire seco y bastante calor. De otra manera, bañarse en el río Pedernales era una delicia. El agua estaba templada y mantenía un color verde claro. Se podía nadar con tranquilidad en sus remansos y las orillas eran ya un paisaje seco, casi semidesértico y con ondulantes colinas pobladas de mesquite y diferentes arbustos. Todo aquel entorno de Pedernales Falls era un área recreativa; más abajo el río cruzaba el rancho del que llegó a ser presidente de los Estados Unidos en sustitución de John Fizgerald Kennedy: Lyndon Byron Johnson: hoy día museo abierto al público. Una buena oportunidad para dar un repaso a la historia americana en un entorno de emblemático arquetipo texano, ya que toda la casa además de conservar todo el decorado de entonces sirve también de fotograma de toda la era Johnson.

Al norte de Pedernales Falls, y una vez cruzado el pueblo de origen alemán; donde todavía se habla alemán y se pertenece a la iglesia luterana y se come comida germana en sus restaurantes de aspecto ranchero e
informal; pues cruzando Fredericksburg y a unos 30 km, está la Enchanted Rock: una roca toda ella de granito; roca sagrada de los indios de la zona antes de la llegada del hombre blanco. Hemos subido esa roca varias veces y hemos recibido la visión y mirada del Gran Espíritu. Una mirada que abarca un paisaje árido y pedregoso de extensión ilimitada.

Dicen que después de la muerte te recibe el Gran Espíritu y te muestra entonces las nuevas grandes praderas que has de colonizar en esa nueva tierra con los grandes pueblos libres de piel cobriza.

(Dos años más tarde se prohibieron los baños en Pedernales Falls debido a el número de personas ahogadas en años anteriores.) 

domingo, 7 de julio de 2013

LA PROSAICA VIDA PROFANA

Ayer pasé por el café Roscotte y Balarkano me dijo que ya no pensaba jamás en clave política. Que lo suyo
era otra cosa y que la política era un mal recuerdo del pasado. Pero en ese momento llegaba un político famoso al café Roscotte y entonces a Balarkano le empezaron a salir sarpullidos por la cara y los ojos se le pusieron verdes. Yo quedé pasmado, pues mi amigo Balarkano ahora echaba espuma por la boca. Como estábamos en una mesa alejada del público, pues nadie se enteraba. Mi amigo realmente sufría con la política y lo que le estaba pasando era una alergia a la política. Por suerte el político famoso se dirigió al váter y entonces Balarkano comenzó a recuperar la normalidad. Entonces salimos a la calle y nos despedimos.

Yo volví al café y vi al famoso político a distancia. Estaba sentado con una bella dama de alto copete que vestía ropa muy cara. El famoso político se estiraba para hablarle a la bella dama. La bella dama se echaba para atrás cuando el famoso político se estiraba para hablarle. Y así, con ese estirar y tirarse para atrás transcurría aquella curiosa conversación. Parecían muñecos mecánicos en un juego de muelles elásticos. Yo me puse a leer el periódico del día, pero en ese momento llegó Rubialima; mi gran amiga Rubialima y sentándose a mi lado se puso a hablar de ingeniería genética. No sé por qué razón se puso a hablar de ingeniería genética, pero parecía saber mucho sobre el tema. Yo empecé a dudar de su cordura, pero en ese momento Rubialima cambió de tema y me cogió las manos con fuerza. Decía que necesitaba amor, pero que no encontraba tal cosa. Yo le dije que era muy bella y que todavía alguien la podía querer como ella quería y necesitaba. Ella se quedó pensativa y cogiendo el periódico dijo que se iba al baño. Rubialima tardaba mucho en volver; y yo, sin periódico que leer, me sentí un tanto aburrido, así que volví a mirar al famoso político y a su bella dama que seguían con el mismo movimiento.

En vista de que Rubialima no volvía pagué y me fui a la calle. Hacía mucho viento y todo parecía descontrolarse. Un viejo tocaba una armónica en una esquina. Una señora gorda de mediana edad corría por en medio del paseo gritando que el fin del mundo estaba cerca. Otro señor caminaba a cuatro patas siguiendo a su torpe perro. Yo entonces decidí irme a mi casa. Pero entonces acertó a pasar por allí Colmerto Riyales caminando a pata coja. Paró y al verme me dijo que ya empezaba a cobrar su prejubilación mañana por la mañana y que entonces quería invitarme a desayunar churros con Maribela, su mujer. Nunca supe la edad de Colmerto y menos la de su mujer. Tampoco supe nunca en qué trabajaba; y menos su mujer.

Le dije que tenía prisa y me fui para casa corriendo sin parar.

martes, 2 de julio de 2013

LAS ALMAS BUENAS


L'homme blanc que n'habite pas l'esprit des ancêtres ignore que la forêt se nourrit de ses propes morts.
 Bernard Clavel: Maudits Sauvages

Fui al bosque profundo de la colina húmeda y fría
Y la niebla me envolvía
Las almas buenas vivían por aquellos parajes de silencio
Y siempre que llegaba caminando con mi mochila
Sentía el poder de dichas criaturas

Los árboles me recibían sin preguntarme nada
Me dejaban acercarme sin dar ninguna señal de recelo o fastidio o rechazo.
Las hierbas cedían ante mis pasos sin decir nada
Los pájaros me observaban con curiosidad lejana
Las nubes circulaban impregnándome de su húmedo aliento
Pero sin mostrarme puerta alguna que me impidiera pasar a su reino de inocencia
El aire frío me recibía como sabía
Lamiéndome el rostro como un animalillo mostrando cariño

Seguí el camino que me llevaba a la cumbre
Lentamente, sin prisas
Nadie me apuraba
Las hojas todas eran sonrisas
Y las piedras me miraban desde su imperturbable reposo
Dejaba que los pensamientos circulasen hasta agotarse
Los únicos rebeldes a cualquier soledad que los delatara

Llevaba conmigo el mundo en el pensamiento
Y las almas buenas lo veían revoloteando en continua lucha y conflicto
Quería vomitarlo y desparramarlo por el bosque
Para que los pájaros lo comieran poco a poco
Picoteando las pegajosas letras; deshaciendo las descarriladas frases
Y las confusas imágenes y las caóticas pulsiones.
Nadie mejor que mis bondadosas almas de pájaro
Para dejar mi espíritu en la quietud del silencio
Una vez deshilvanado y descompuesto el discurso del mundo

¿Quién era yo?
Todo el bosque pareció reverberar mi profundo sentimiento
Todos al unísono repitieron la misma pregunta en forma de vano aliento

¿Quién era yo?
La niebla me cubrió en su máxima espesura a pocos pasos de la cumbre
Y el viento sopló con fuerza suprema sobre mi figura
Las almas buenas me dieron entonces el don de la nueva mirada.

lunes, 1 de julio de 2013

UN POEMA DE MIERDA

Nos metimos por el tubo de desagüe del gran retrete público y privado
Nos deslizamos como culebras entre olores nauseabundos de orín y de mierda
Luego llegamos a un colector donde se juntaban las aguas fecales de muchas más cañerías y tuberías.
Seguimos deslizándonos entre toda aquella gelatina putrefacta
Y avanzamos hasta llegar a un verdadero mar de mierda a donde confluían todos los residuos de mataderos y granjas de puercos.
Allí nos refocilamos entre la viscosa masa más o menos licuada.
Nadamos y flotamos como peces que han encontrado su hábitat.

El mar de mierda y ponzoña se extendía muchas leguas a la redonda
En medio de una semioscuridad de gases fluorescentes
Y allí vimos muchos habitantes saliendo y entrando en el lodo
Buceando a cachos y respirando a intervalos
Parecían humanos o semihumanos o superhumanos
No supimos distinguir bien
Pero todos tragaban mierda por la boca y luego la expulsaban para luego tragar más todavía y así una y otra vez, sin final alguno.
Eran como seres mortecinos que vivían un letargo sigiloso
Tragando mierda y ponzoña en modo semiautomático
Para luego expulsarlo en cuasi eterno ciclo de libre circulación putrefacta

Pronto nos deslizamos entre ellos y vimos que nos miraban complacidos de su grata existencia.
Parecía ser una grata existencia.

Encontramos la salida a un colector de río y allí nos dejamos caer mirando hacia el sol.
Había mucha mierda en el mundo acumulada
Todas las ciudades guardaban su mierda en mares subterráneos
Para luego caer en ella.

Y ser felices los humanos de la mierda.
Medio dormidos en la mierda.