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martes, 29 de junio de 2010

LA COLONIA: XIII. FINAL

Al examen de Ingreso nos llevó Don Rafael en grupo y en tranvía y metro hasta el Instituto Cardenal Cisneros en la Calle de los Reyes. http://centros5.pntic.mec.es/ies.cardenal.cisneros/
Allí, unos catedráticos muy serios nos hicieron un examen que incluía una parte oral. El aula era grande y tenía los pupitres largos y escalonados. Al fondo estaba el jurado de los catedráticos que nos iba a interrogar. Cuando llegó mi turno contesté a lo que me preguntaron muerto de miedo y luego salí como alma que lleva el diablo. Cuando ya habíamos salido todos Don Rafael nos llevó a un parque cercano a jugar y al cabo de un hora o así nos anunció que estábamos casi todos aprobados. El salto de alegría fue mayúsculo. Estaba aprobado. Era un día soleado del mes de mayo del 59. Y un día de esos nació Nomar o Ramonse. Algo más de un año después de la muerte de Glenda.

Habían llegado mis abuelos Ramón y Rosario de Asturias para asistir a mi madre. El nacimiento ocurrió de nuevo en el Hospital del Niño Jesús y yo estaba muy nervioso por lo que podía pasar esta vez con el bebé. No las tenía todas conmigo y le preguntaba al abuelo si el niño estaba bien, si no tenía nada. “No, esta vez está todo bien. Enseguida lo veréis porque vuestra madre viene mañana para casa”. Y así fue como entró aquel chiquillo tapado con una manta blanca a la Colonia letra H, bajo, derecha. Efectivamente, no tenía nada y como estaba sano y muchas veces contento y duraba más de un mes, pues aceptamos que la normalidad de tener un hermano más nos pertenecía a nosotros también. Fue bautizado en la Iglesia de Nuestra Señora de la Concepción y actuó de madrina una tal Mili de Mieres casada con un señor que había salido hacía poco de la cárcel por razones políticas y que se apellidaba Catrofes Pereida. El señor Catrofes era un hombre alto de facciones fuertes y de un saber estar impecable. Tenían dos hijos, uno de mi edad y otro más pequeño. Vivían en Palos de Moguer en un edificio parecido al de Rami sólo que más alto y con seis pisos. En ese edificio años más tarde se instalaría una emisora libre donde llevaba un programa de espiritualidad y ocultismo mi amigo José Neira. El chico mayor de los Catrofes moriría años más tarde en un accidente de tráfico. Mis padres querían que el niño se llamase Nomar, pero el registro civil puso pegas a tal nombre y entonces se barajó la opción de Ramonse, pero tampoco coló y al final quedó en Ramón, pero con la condición de llamarle todos en la familia y en el barrio Ramonse. Y así quedó.

Pero Ramonse nos aguó más tarde las vacaciones de verano ya que mi madre nos estableció sendos turnos de cuidado del “neñu” y si no era una mañana era una tarde y sino las dos y había que jorobarse cuidando a Ramonse en casa o afuera en el patio. Los veranos era afuera en el patio. Mi madre ya temprano sacaba al “neño” y lo ponía encima de una manta bajo la ventana. Entonces nosotros lo teníamos que vigilar para que lo le pasare nada. Normalmente se entretenía con un cacho de pan y jugaba con cualquier cosa que le poníamos. Los chicos de la colonia le tenían también cariño y así entre todos Ramonse iba creciendo en sana compañía. La trapera doña Aurora se ponía a trabajar con su basura y su carro de madera no muy lejos de Ramonse y el zángano de su marido se quedaba mirando al crío de vez en cuando sentado en un escalón de nuestro portal. Curiosa profesión la de Doña Aurora siempre vestida con trapos más que ropa y con un pañuelo a la cabeza como si fuera una mora y venga a escoger la basura que le dábamos en compartimentos. Fue por esa época cuando mi padre nos compró una armónica O Faro y para él una Honner Preciosa. Había comprado también un método de tocar y poco a poco íbamos Rubén y yo aprendiendo canciones como En Oviedo me Dijeron, Maite, El Reloj del Abuelo, el Vino que tiene Asunción, Adelita y otras por el estilo. Las armónicas marcaron un hito en aquella casa. Todavía hoy la toco en ocasiones. Pero en la Colonia había una chica que tocaba muy bien la acordeón. Vivía en el segundo patio y en muchas ocasiones íbamos al patio para oírla tocar pasodobles y canciones de toda la vida. Mis abuelo había sido trompetista en la banda municipal de Langreo y nos ayudaba algo con los acordes de armónica.

Con mis abuelos fuimos aquel verano a El Pardo a bañarnos al Manzanares. Fue un día guapo porque entre otras cosas ya me empezaba a cambiar la perspectiva de la vida. Seguía viendo las cosas con inocencia pero ya no era un niño sometido a los caprichos del momento o de mis padres. Era consciente de que podía hacer cosas, de que podía inventar situaciones, de que podía manipular lo que veía para que adquiriera ese tono que yo deseaba. El paisaje del río y del monte del Pardo se convirtió en un arquetipo más en mi vida, porque cada vez que lo recuerdo las vibraciones son las de un mundo noble en el que existe una verdad y un equilibrio. Ya no eran las ensoñaciones de niño sometido a miedos e incertidumbres. Mi abuelo Ramón nadaba por el Manzanares con mucha soltura y mi madre y mi abuela preparaban los bocadillos de tortilla mientras que Rubén y yo no teníamos final para el baño. Luego fue la comida bajo la sombre y un gran mantel y Ramonse allí disfrutando como un neñu feliz y sin enfermedades extrañas. En El Pardo tocamos la armónica y la vuelta a Madrid la hicimos en un autobús que nos dejaba en la Plaza de España. Hay fotos de esta época donde aparece mi abuelo nadando en el Manzanares, mi padre y nosotros en bañador buscando algo.
Con mis abuelos fuimos a visitar a una señora asturiana viuda llamada Susa o Susana Montesinos. Susa era madrina de Rubén y vivía con sus hijas en una zona de Madrid que ahora no sé ubicar pero que era céntrica y al mismo tiempo nueva. Vivían sus hijas en una casa grande de bajo con piso. La casa por dentro estaba ornamentada con cierto lujo. Se veía que eran gente de dinero. La impresión que tenía en esa visita era de estar en otra ciudad muy lejana y diferente de Madrid. Las grandes ciudades como Madrid tiene esta cualidad de trastocar esa tonalidad de aparente normalidad en la cual nos asentamos. Basta con irnos a otro barrio o zona para que esa tonalidad desaparezca y se convierta en otra imprevista. Y así me ocurrió a mi en esa visita a Susa. Esta señora murió un día de otoño de 1960. Mi madre se enteró por alguna llamada de teléfono de sus hijas y fue corriendo en taxi al entierro. Cuando volvió venía escarnecida de dolores porque los zapatos que llevaba la mancaban. Recuerdo que quitó los zapatos y se echó en la cama a descansar y buscar alivio. A Susa yo la recordaba de años atrás en Sama cuando venía a visitar a mi abuela al barrio de la Salve y confraternizaba con todas mis tías. Yo también sentí pena por la muerte de Susa. Ella también había asistido al bautismo católico de Ramón y parecía buena señora.

Con los abuelos fuimos también de visita a sitios que alguna vez habíamos visitado con mis padres. El Museo del Ejército con sus arcabuces, sus lanzas, sus cañones, sus uniformes, el coche en el que fue asesinado el General Prim. Todo una pasada. Luego el rastro con la estatua de Cascorro de quien tanto nos recordaba Fael. O de nuevo íbamos a pasear por la Latina pero ahora ya sin las farolas de gas que habían sustituido por electricidad. O parábamos oír un organillo en la Plaza Mayor, o, íbamos a ver las fieras al Retiro; e incluso una vez fuimos a ver la inauguración de la estación de Chamartín recién hecha y que entonces los trenes sólo llegaban a Burgos, pero mucho más rápido por ser línea rápida a Burgos. Y a la vuelta tomamos horchata en un puesto de Arturo Soria. En verano tomábamos mucha horchata. Hay una foto de mi abuelo sentado en un tranvía largo de Madrid y que siempre me recuerda esta época de cuando nació Ramonse. El abuelo está sonriente y trajeado. Su porte es el porte de un señor elegante y de facciones correctas. Mi abuela Rosario estaba al lado y con ellos también volvimos a ver el arcabucero que vigilaba el restaurante de las Cuevas de Candelas y Galerías Preciados y el Madrid de los Austrias y el Palacio Real. A pesar de estar apresados ese verano cuidando a Ramonse, no había resultado un mal verano después de todo.

Cuando venía algún presidente o dignatario de otro país los tranvías se ponían de gala con la foto de Franco y la persona o personas visitantes. También se colgaban las banderas de ambos países durante el tiempo que estuviesen de visita. Así ocurrió en su día cuando vino Eisenhauer o los Reyes de Tailandia. También cuando la boda de Balduino y Fabiola, boda que tuvo mucho fausto en España por lo que representaba Fabiola. Ese día no tuvimos cole y todos tan felices.

La Colonia y el barrio adquiría una tonalidad especial cuando llegaban las Navidades. Además de estar de vacaciones era el momento de cantar villancicos y de pedir el aguinaldo. Luego venían los Reyes Magos y siempre dejaban algo. Dejé de creer en los Reyes a los 8 años y medio y me dio mucha pena ser consciente de que ya no creería más en algo tan mágico y emocionante. Aquel día de Reyes lo pasé triste caminando por la calle Albarrracín en obras de adoquinado. Ya no era un niño de verdad y perdía con ello porque ya no era lo mismo que te dieran los regalos así, de forma tan real, sin la ilusión de acostarte y esperar al milagro. La Navidad en la Colonia era un tiempo de gran Nochebuena con las familias acostándose muy tarde y los villancicos a todo pulmón. La Nochevieja sin embargo no tenía tanta importancia en el barrio. El primer día de año mi padre siempre decía: “Hoy yel mi santu: San Manuel”. Un invierno nos vino a visitar un tío de mi madre, un tal Gilo, y allí estuvo en casa unos días, pero una noche desaparecíó sin dejar más rastro que una inmensa meada en la cama. El pobre al ver la gran meada había salido como un gato al amanecer sin enterarnos nadie y hasta el día de hoy que ya hace muchos años que está en mejor gloria. Gilo había sido panadero en Tudela de Veguín.

Un día se me ocurrió llevar a Ramonse cuando este ya tenía casi un año a pasear por la parte atrás de la FEMSA, ya que había todavía suficiente campo para caminar y además se podía jugar a la pelota sin problemas. Lo llevaba a la espalda como montado a caballo cuando de repente unos perros lobo nos empezaron a perseguir todos rabiados. Yo quise desfallecer de terror viendo a los animales correr muy cerca de nosotros. Adiós a Ramonsucu y todo lo bien que estaba creciendo. Quizás no pensaba nada porque era puro terror lo que sentía. Como no podía correr más me paré protegiendo al niño, pero en ese momento los perros pararon, nos olfatearon y no nos hicieron nada. Yo nacía de nuevo. Milagro. Otra vez que me tocaba a mi cuidarle lo llevé a ver el rodaje de una película que estaban haciendo en el campo de jockey de la FEMSA. Llevaban varios días rodando escenas con un joven José Luís López Vázquez y otra jovencísima Conchita Velasco. José Luís López Vázquez tenía que ponerse en una especie de rail y hacer como si jugaba al jockey y así repetir escenas una y otra vez. Conchita Velasco estaba sentada en una silla de lona cerca de nosotros. Ramonse, que ya podía medio andar, se me escapó y tropezó y cayó en frente de Conchita Velasco y esta sin pensarlo lo cogió al cuello y lo comenzó acariciar dándole algún que otro besito y diciéndole dulzuras.

Luego, en el 61 nació Efrén. Pero ya pronto habríamos de volver a Asturias. En abril del 62 dejábamos Madrid en un momento importante y con mucho futuro. Un futuro que ya no sería el nuestro. Recuerdo una de los últimos paseos por Arturo Soria a la altura de la Autopista de Barajas con una vista al anochecer hacia un Madrid que ya no era ni la sombra de lo que había sido cuando habíamos llegado. Desde aquel sitio veíamos edificios altos y modernos iluminados como símbolos de una modernidad ya establecida en la ciudad. Yo dejé el cole de Fael, el Mater Dei unas semanas antes de irme a Madrid, ya que yo había ido antes que mis hermanos y mi madre a Asturias y me dedicaba a dar paseos algo nostálgicos porque iba a dejar una colonia, un barrio y una ciudad que me había dado tanto: bueno y malo bien es verdad, pero donde la imaginación y las ganas de jugar habían sido reyes y señores por mucho más tiempo que el sufrimiento.

Y eso fue más o menos mi experiencia de Madrid-


FIN

VIAJE A MARRUECOS: MARRAKECH

Marraketch. Cogemos un taxi que hay que negociar por 20 dirham (11 dirhams= 1 euro) si es minitaxi y por 50 si es grande. Seguimos por la avenida Mohammed VI y llegamos a la Plaza Djemaa-el-Fna. Esta plaza esta en la Medina y en la medina empieza también el bazar. Es un bazar muy enrevesado que al contrario del bazar de Estambul es más popular, más marroquí que para los turistas. La plaza es todo un mosaico humano de exotismo. Hay encantadores de serpientes, cuentacuentos extravagantes, vendedores de todo tipo de fritangas y artesanías; aguadores vestidos de rojo con extraños sombreros, mucha gente en motocicleta cruzando por todos los sitios. El trasfondo es de música árabe o bereber. Los edificios son de una o dos plantas y no sobresale nada superior a esta altura. Sacar fotos es un problema ya que cualquiera en esta plaza que te vea que le sacas una foto te viene a pedir dinero. Iba a sacar una foto a un puesto que vendía dentaduras postizas y el señor que lo llevaba me cogió del brazo, me sentó y me puso una tenaza en la boca con una muela postiza. Todo preparado por si la foto. Ana sacó la foto y oh! sorpresa, nos pedía 30 dirhams por la foto y de repente vinieron un par de señorones ociosos que estaban a la vera del vendedor y nos pedían todos 30 dirhams. Les dimos 10 y nos fuimos.

El bazar es todo un laberinto de callejuelas de vendedores con chilaba o sin ella. Uno tiene que evitar la tentación de preguntar porque sino te envuelven o te enrollan y siempre se compra algo. Yo sigo siendo un ceporro regateando pero ya me voy acostumbrando aunque es una práctica que odio y detesto. No lo puedo evitar. Soy muy occidental para esas cosas. Me parece humillante. Pero merece la pena dejarte llevar por el ambiente, por la gente tan racialmente variada, por un tiempo que parece de otra época; por la manera de vestir. Hay muchas mujeres que visten a lo occidental (más que en Estambul), y hay otras que se cubren de diferentes maneras.

En el barrio francés llamado Gueliz, se respira un ambiente más de clase media. Los jóvenes siguen más las modas europeas y visten mejor. Las calles enseñan escaparates de marca y los cafés son más elegantes. Hay edificios a la europea con pisos de lujo. Hay un MacDonald y Zara está al lado. No obstante el tráfico sigue siendo caótico. Pero lo extraño es que todo se mueve y no hay atascos y no vimos ningún atropello- Bicicletas, motocicletas, motocarros, calesas, autobuses, coches, camiones. Todo forma una corriente caótica llena de tropiezos con peatones incluidos que se arriesgan a cruzar el asfalto, pero todo fluye bajo un olor denso a gasolina.

Por cierto: los autobuses son de la empresa ALSA y llevan el letrero ALSA CITY.

Mañana más.

Un saludo,

Vital

VIAJE A MARRUECOS: MARRAKECH I

Pues seguimos en Marraketch y será mañana cuando salgamos a Casablanca y Rabat. Los marroquíes de ciudad son prácticamente bilingües en árabe marroquí y en francés. Si contamos a los bereberes que hablen su idioma pues algunos entonces son trilíngues. Los bereberes (un 45% de la población marroquí) te hacen saber rápidamente que no son árabes. Sorprende cuando se ve la TV ver los culebrones hispanos traducidos al árabe. El mejor culebrón es el latino. No hay duda.- Hoy salimos con un grupo de españoles que vienen de vuelta de hacer el viaje a través del Marruecos. Fuimos a ver la Koutubia que es una especie de giralda réplica de la de Sevilla y los jardines de Bahía, así como las tumbas Saadanias que eran tumbas reales almorádives todas mirando a la Meca. Pero para saber sobre estas cosas hay que mirar en Internet. De nuevo fuimos paseando por centro de la ciudad y resaltan los múltiples detalles en cada rincón o fachada o esquina. La vista no se aburre nunca. Hay mucha gente por la calle. Hay este taller de motos con muchos hombres mirando y el taller es un caos con alguno tirado en suelo durmiendo. Las motocicletas Honda son muy populares y las conduce todo el mundo. O hay un café lleno de hombres bebiendo te y están ociosos. O hay una casa muy vieja con las puertas de madera labrada y alguien con chilaba dormita allí delante. Pasan mujeres cubiertas y otras en vaquero sin cubrirse. Pero en muchas zonas de la ciudad cuando saben que eres turista vienen a venderte de todo y a regatear todo y si les miras dicen “foto, foto” y vale más no sacar fotos porque si la sacas pues ya te vienen a “cobrar” y luego te venden algo: un niquí con el logo de Marraketch, o unas dagas curvadas, o un cinturón o una serpiente disecada, etc.. Esto llega a cansar, llega a ser abrumador; pero los olores son muy fuertes, huele a especias fuertes, a flores fuertes, a mierda fuerte, a sudor. Vino uno con un mono y me dijo que lo acariciase que “mono bueno, ser mono bueno”, yo lo acaricio y el cabronazo de mono me golpea con el puño en el brazo con cara hijo puta. Era un mono cabrón y me recordaba la expresión de muchos de puta que he conocido a lo largo de mi vida. Luego empezaron a sonar los muecines desde los minaretes y tronaron el ambiente. Hoy no hacía mucho calor. La atmósfera está como cubierta de polvo del desierto. Pude ver a un pobre que ha sido el pobre más pobre que haya visto en mi vida. El arquetipo de pobre. Era un negro vestido de harapos y sentado de mala manera encima de un cajón. Miraba al suelo y estaba delgadísimo y lleno de miseria, parecía un esperpento; una aparición de otros mundos y estaba vivo en este mirando al suelo sin moverse de su miseria que lo iba comiendo poco a poco a la vista del público. Y los autobuses ALSA circulan por la ciudad con mucha gente sentada.
Aun así esta gente no habla tan alto como lo hacen los españoles. En algún café que visitamos la gente no da voces y habla normal y dejan hablar a los demás.

Un saludo,

Vital
Si mañana cuento con internet seguiré.

VIAJE A MARRUECOS: MARRAKECH II

Salida de Marraketch. Somos Ana y yo. No se ha formado grupo para Marruecos al Completo así que vamos solos en una buena furgoneta de Travel Plan. El guía es un señor mayor que habla francés y casi nada de español. Es un hombre de apariencia suave y afable.Vamos en dirección a Casablanca y luego Rabat. No hace mucho calor. Al salir de Marraketch pudimos comprobar que la ciudad tiene zonas más modernas tipo europeo. Pero sigue siendo una súper imposición en una sociedad todavía tercer mundista y pobre. Hay indicios de que se está formando una clase media. Para ir a Casablanca hay una autopista, pero el guía nos dice que para ver pueblos y paisaje es mejor seguir la carretera general que está en buenas condiciones. Y así es: es una carretera con poco tráfico y que cruza pueblos y alguna ciudad mediana. Cuando se cruza algún pueblo todo son tiendas abiertas como puestos de mercado que venden de todo en forma de colmado o cacharrería o carnicería al aire. La vista nunca cansa en este país. Nada es monótono para el turista porque todo cambia y varía con variedad de muchas especias de muchos frutos secos, de chilabas y gorros o sombreros bereberes; de orfebrería de verduras. Y muchas mujeres cubiertas y mucha gente joven ociosa y seguimos viajando y se puede ver una agricultura industrial mezclada con campesinos medievales de carro y burro y otros son nómadas que ponen una tienda de plástico para vivir mientras trabajan en un sitio, para luego desmontarla y trabajar en otro. Son gente que vive al día.

Curiosamente la policía coloca el radar a cada poco y hay bastantes puestos de control. Se ven bastantes multas pero la conducción resulta agresiva. Llegamos a Casablanca y la ciudad nos sorprende por lo grande que es (7 millones según el guía aunque oficialmente sean 3,5). Las casas todas son blancas y comemos en un restaurante mirando a una playa tan grande como la de Gijón. El clima es suave y húmedo. Comemos un buen pescado y luego visitamos la Gran Mezquita de Hassan II. Es una obra colosal que mira al mar. Es todo un derroche de mármol y arte musulmán. La construyó pidiendo un donativo (obligatorio, según el guía) de todo el pueblo marroquí y fue para celebrar la invasión del Sahara español. Hay zonas de Casablanca de estilo colonial francés que le dan un sabor muy europeo. Hay zonas industriales. Hay muchos barrios y cábalas de chabolas. Algunos barrios cuidan su arquitectura y dignidad y otros son sucios y desvencijados. Salimos en dirección Rabat a 70 kms al norte y en la costa. Vemos el mausoleo de Mohamed V donde está enterrado el Padre de la Independencia. No nos dejan entrar en la mezquita porque en Marruecos está prohibido al infiel entrar en las mezquitas, porque según ellos los franceses impusieron esa norma y el Parlamento de Marruecos todavía no la ha cambiado. En ese mausoleo está enterrado provisionalmente Hassan II hasta que le lleven a su mezquita de Casablanca,

Llegamos al hotel Rabat y el guía nos invita a salir por la medina de esta ciudad después de cenar. Salimos y vemos que hay miles y miles de personas paseando y llenando los parques y las plazas y el zoco y las estrechuelas calles llenas de mercadillos y tienduchas y miles de personas apiñadas y vendiendo fritangas y pinchos morunos y cus cus y cosas raras. De repente el guía nos dice que le robaron 60 dinares del bolso (Ana entiende que son 600 dinares y sabe más francés que yo. Él dice que se descuidó y que le robaron el dinero del bolsillo. Le damos 100 dirhams que no quiere coger pero acaba cogiéndolas (11 euros). Yo ya me mosqueo con este guía suave y educado. Podría ser, pero ¡hum! Ya estamos un poco mosqueados que haya sido él a quien han robado. Podría ser. Qué sé yo.

Es hora de dormir. Mañana salimos para Tánger donde estaremos dos días y luego bajamos a Fez.

Un saludo,

Vital

VIAJE A MARRUECOS: MARRAKECH. LA SINAGOGA

Vimos la antigua sinagoga de Marrakech y fuimos sacando fotos como japoneses tikitaka, tiki, taka. El rabino que era un hombre mayor salió de sus aposentos, puso una especie de bonete religioso que le cubría toda la cabeza y nos recibió hablando un francés bastante ininteligible. Parecía un viejete un poco maníaco y del francés pasó al árabe marroquí y sostuvo un tira y afloja con el “guía” que era un hombre también bastante viejo y cuya dentadura era un suplicio ver y contemplar. Más que dentadura parecía un amasijo de cosas retorcidas que le deformaban la boca y cuando hablaba mil perdigones de dispersaban en mal francés mezclado con el árabe jamalajá bereber. El rabino tenía el pelo blanco y parecía algo albino. Se acercaba a mí y me decía que la reina Isabela los había echado de España hacía muchos años y que la Inquisición y yo le respondía que ya sabía todo lo referente al tema. Quise decirle que algunas familias judías residentes en Marruecos habían retornado a España en la época liberal del siglo XIX, pero no me entendía o no escuchaba y efectivamente no hacía mucho esfuerzo por escuchar, porque seguía con Isabela y la Inquisición y yo pensaba que ya era muy mayor y tampoco mi francés era muy fluido como para mantener una conversación tranquila e inteligente. Mientras tanto íbamos viendo fotos en las paredes de la antigua comunidad judía, de sus rabinos más afamados; de textos en hebreo y todo aquello era un testimonio histórico de una comunidad que logró sobrevivir y prosperar aun a pesar de todas las vicisitudes y contrariedades que supuso la Diáspora marroquí.

La sinagoga era más bien pequeña pero su disposición y decoración la hacía ser un espacio hogareño y confortable. Una chica morena que parecía la sirvienta o nieta del rabino nos miraba con ojos inquitantes. Era una chica de unos veintitantos años y no dejaba de mirarnos como diciendo y ¿quiénes sois? Una vez salimos de la sinagoga había un patio todo él cubierto de cortinajes a rayas blancos y azules y el patio tenía puertas que daban a los aposentos o vivienda del rabino. Sabíamos que nuestra visita era un favor personal de Bidui y que la sinagoga más antigua de Marruecos no era visita turística ni mucho menos y que de hecho no figura en las guías turísticas para respetar la discreción que requiere una comunidad judía ya menguada después de la emigración a Israel de la mayoría de sus miembros después de la guerra de los Seis Días. Hubo algún que otro ataque por parte de alguna turba musulmana azuzada por algún exaltado hijo de Alá, pero por lo general la monarquía Alahui y sus reyes siempre se mostraron favorables a la protección de los judíos. Es sabido que en el último ataque integrista contra la sinagoga de Casablanca (por suerte sin víctimas) el mismo rey Mohamed VI convocó una manifestación en apoyo de la comunidad judía recordando que en Marruecos los judíos eran ciudadanos de pleno derecho y una contribución positiva a la historia del país.

Dimos una buena donación al rabino, luego otra propina generosa al “guía” del amasijo dental y recorriendo las tortuosas calles de la mesha o antiguo barrio judío volvimos a la entrada al cementerio israelita donde nos esperaba Bedui. Anteriormente ya habíamos visitado el cementerio y habíamos visto las cientos de tumbas muchas de ellas sin nombre por haberse perdido la memoria de sus dueños. Pero muchas llevaban epitafios en hebreo o en francés que no en español, y sobresalían los panteones de los rabinos más santos y afamados. Entramos en alguno y el otro guía del cementerio, una persona algo más joven pero aun más esforzada por ganarse una buena propina, pues nos puso unas velas para que el rabino correspondiente ejerciera una buena influencia en nuestras vidas. Desconocía esta práctica de las velas en las tumbas rabínicas, algo parecido a la invocación católica a los santos, pero así era a pesar de que en el judaísmo más ortodoxo o conservador niega toda intervención entre D-ós (escrito así para guardar respeto a su desconocido nombre), y el hombre, pero hay practicas populares que nunca mueren. Ni que decir tiene que hubo que darle una buena propina al guardián y después de la buena propina nos dijo ¿y las velas?. Así que 50 dirhams más por las velas. Curiosos cementerio donde aparecen ilustres apellidos judíos como Dayán, Danon (de Danone), Molina, Meir o Mier, etc. Bedui luego nos llevó al hotel no sin antes despedirse de sus correligionarios con besos y abrazos.

Curiosa visita que llevo muy metida en la mente.

Un saludo,

Vital

VIAJE A MARRUECOS: TÁNGER I

Estamos en Tánger. Hay dos cañones hechos en Barcelona en 1780 que miran al puerto. Desde la plaza del Grand Socco se ve la costa española y Gibraltar a un extremo. En esta plaza pulula toda clase de gente con rostros secos. Mucha chilaba y mujer cubierta pero ya no tanto. Moro, moro, moro Muza. Ciudad de piratas y corsarios. Ambiente pirata. Al salir del hotel nos va siguiendo una persona joven y amable que se ofrece a hacernos de “guía”. Dice que trabaja para el hotel “El Minzah Hotel” que es el hotel histórico de Tánger donde estamos alojados por dos noches, y que le han enviado para enseñarnos la ciudad ya que es peligrosa y no deberíamos ir por allí ni por allá. Yo le digo que hemos venido para que nos roben y nos atraquen ya que nos gustan las emociones fuertes y que después de Vietnam e Irak está Tánger y que nos deje en paz. Él se queda sorprendido y parado. Pero todas las guías sobre Tánger hablan de estos falsos guías que de forma amable te van desplumando. Se ponen a las puertas de los hoteles y te van siguiendo. La verdad es que por esta ciudad hay gente con bastante mala pinta, aunque a medida que vamos caminando vemos que es una ciudad con edificios como cualquier ciudad española pero con un sabor pirata, sabor de ciudad de tránsito, con gente aventurera y de mala vida; pero también comerciantes y mucha vida de calle y se ve que el dinero corre. Aquí venían escritores como Paul Bowles o William Burroughs a vivir la droga y la vida sexual libre ya que la mujer de Powels era lesbiana y el bisexual y se enrollaban por ahí por estas calles del demonio tangerino. Pero el hotel al llegar nos dice que no encuentra la reserva nuestra, pero que llamarán a la compañía para averiguar pero que no obstante mientras averiguan pues nos darán una de las mejores habitaciones y efectivamente así fue esta habitación da a la piscina y a la Grand Socco y al puerto y la vista es excepcional. Le doy 50 dirhams al recepcionista y todos los problemas quedan solucionados al momento y además es el hombre más servicial del mundo. Hemos cenado de maravilla en la terraza del hotel mirando la costa española con las luces de los coches y los edificios iluminados de Tarifa. Tánger es ciudad internacional. Hasta lo marroquí queda en un lugar secundario para salida a un alma cosmopolita aventurera.

Antes de llegar a Tánger hemos visitado el Cabo Espartel y la gruta de las columnas de Hércules, El chofer Abduti nos hace de guía también y nos va abriendo camino. Seguimos solos y con chofer. Mi francés sale cada vez con más espontaneidad. Había aprendido francés a los 14 y 15 años por mi cuenta y como un descosido y vivo de aquellas rentas. Me defiendo bastante bien ya que el español no es un idioma muy utilizado a pesar de la cercanía y vecindad. El francés lo ha comido todo y todos lo hablan con corrección. Todos los letreros son bilingües en árabe-francés y hasta la TV marroquí pasa programas en árabe pero con subtítulos en francés o viceversa. Pero antes habíamos pasado por Larache y Asilah y aquí, en este pueblo turístico con playas de kilómetros comimos. Esto era el antiguo Marruecos “español”, pero el español queda suplantado por el francés como segunda lengua. Apenas vemos españoles por aquí. Abundan los franchutes.

Pero todavía antes, unas horas antes salíamos de Rabat después de haber visitado el palacio del rey. Le Palais Royal. Se pueden visitar los jardines y acercarse al palacio. Es todo un lujo, pero a la salida de Rabat está la verdadera mansión de Mohamed VI. Son unos jardines selváticos rodeados de kms de valla y soldados en garitas de vigilancia. Luego, Su Majestad, pasa mucho tiempo fuera: en USA o Francia. Su foto está en todos los sitios. Luego más tarde fuimos haciendo el recorrido a Tánger a través de grandes extensiones de tierra de cultivo cuando cultivada con mulos y arado primitivo por campesinos escuálidos o bien zonas de agribusiness más modernizadas. Hay también muchas zonas de eucaliptos, pero es un eucalipto diferente al de Asturias.

Mañana visitaremos Tánger con más tiempo y con chofer y guía incluido. Pasado mañana iremos a Fez y más tarde a Merzouga y el desierto cerca de Argelia.

Vital

VIAJE A MARRUECOS: TÁNGER II

Compré en una librería un libro de Mohammed Choukri escritor rifeño (de El Riff) que huyendo del hambre se estableció con su familia en Tánger. Hambre. Lloraba de hambre y la madre por el camino (a pie) le decía que no llorara pues que en Tánger podría comer. Por el camino su hermano cogió una enfermedad, posiblemente tuberculosis, y cuando llegaron a Tánger enfermó de forma irreversible. Choukri describe cómo un día en que su hermano estaba tan desesperadamente enfermo que el padre lo mató retorciéndole el cuello como a un pollo. A partir de aquel día vivía en la calle huyendo de su padre y dormía en los cementerios porque allí los muertos no le podían hacer el daño que le podían hacer los vivos. Un día pasó por la tumba de su hermano y vio que crecían una planta llamada basilique (en francés, el libro está en francés) y entonces se la llevó a su madre para que preparara una sopa con la planta cosa que hizo sin darse cuenta. Es un libro triste y casi me hace llorar. No lo acabé.

Luego describe la vida callejera de Tánger, las prostitutas, las drogas, el ambiente de ciudad de tránsito y pirata, etc.

Hemos estado en la Medina y la Kashba (barrio administrativo y militar) hoy por la mañana y Biduí nuestro conductor nos presentó a quien había de ser nuestro guía: Sheriff. Sheriff hablaba el español un poco chapurriat y tenía los brazos llenos de hematomas producidos por los pinchazos de insulina. Nos explicó que padecía de diabetes y cuando había que subir unas escaleras del Museo Etnográfico se disculpó porque no podía subirlas debido al vértigo que sufre debido a la alta tensión que padecía. Para ser un hombre joven sus dientes estaban hechos fosfatina y su aliento era desesperante. No parecía mal hombre y explicaba lo que podía. Le invitamos a café y le dejamos libre antes de tiempo con una decente propina. ¡¡Dios que brazos todos amoratados!! Biduí nos dijo más tarde que ya había hecho testamento y que su mujer recibiría la mayor parte de su herencia aunque el Islam prescribe que la mujer sólo ha de recibir 1/8 de la herencia. Sheriff era un buen hombre, no cabe duda que lo era. Dios que mundo este!!

Sheriff entre otras cosas nos llevó a visitar la iglesia y cementerio anglicano. En dicho cementerio yacen soldados ingleses de varías épocas incluida la segunda guerra mundial. Pero cuando íbamos a preguntar por el guarda de repente el perro que allí estaba empieza a amenazarnos con morder. Empezamos a sentir miedo porque aquel perro iba en serio y era bien grande. Así que salimos con cajas destempladas y ladridos jodidamente broncos. Salimos corriendo y pidiendo auxilio a los hortelanos que allí había quienes lograron reducirlo. Volvimos más tarde y el perro ya estaba encerrado. Entonces salió Shelin el cuidador o sacristán de la iglesia que no estaba anteriormente y de una manera más bien servil o santurronamente amable nos enseñó el interior de la iglesia. La iglesia tenía tanto versículos de la Biblia como del Corán en árabe y según Shelín, que nos hablaba inglés mezclado con francés y español; pues el pastor era americano y él, Shelin que creía en Alá, tocaba las campanas y cuidaba de la iglesia. Ni que decir que Shelin sacó una decente propina también. Todo ello tenía como escenario el puerto y la bahía de Tánger además de la vista directa a España y los barcos de gran tonelaje cruzando el estrecho.

El chófer Biduí nos dijo tomando un café que Bush era el único que había entendido el peligro del fanatismo islámico. Nos dijo que Europa no está a la altura de las circunstancias y que él no era practicante del Islam aunque sí había nacido en tal religión. El fanatismo está haciendo mucho daño y hay que pararlo nos decía. Es curioso que un simpatizante de Mohammed VI hable así. Quizás haya muchos como Biduí en estos países y nosotros en Europa tratamos de comprender a los fanáticos y dialogar con el diablo. Me pareció curioso.

En Tánger se habla mal español. Yo pensaba que el español iba a prevalecer sobre el francés, pero no es así. La gente con la que hemos hablado habla un español muy pobre o no lo habla, pero si hablan bien el francés. Son perfectamente bilingües.

Cuando comíamos en un restaurante llegó un grupo de españoles. Todos vocingleros y mal educados a la hora de hablar y preguntar cosas a los camareros o recepcionistas en español de corrido como si todo el mundo tuviera que hablar españolo por narices. Hay españoles que dan el cante con ese estilo arrogante y maleducado y dan vergüenza ajena. Sentí vergüenza de mis compatriotas. Me mantuve a dos mil años luz de distancia de ellos.

Mañana salimos a Volúbilis, Mequinez y Fez. Ya os contaré.

Un saludo,

Vital